Ciencias Sociales y Ciencias del Comportamiento

Introducción a la inteligencia emocional

Contenidos temáticos

  1. Introducción
  2. Origen del término
  3. Influencia de la emociones en los seres humanos
  4. Mente racional y mente emocional
  5. Habilidades propias de la inteligencia emocional
  6. Algunas características de las personas con alto nivel de inteligencia emocional
  7. El desarrollo de las habilidades emocionales
  8. Inteligencia emocional aplicada en el trabajo
  9. Ataduras más frecuentes que no nos permiten desarrollar la inteligencia emocional
  10. Reflexión

Desarrollo del tema

1. Introducción

Si de repente alguien le preguntara: ¿Sabe usted sufrir?, seguramente respondería desconcertado: ¿Acaso es posibles aprender eso? La mayoría de los seres humanos desconocemos cómo lidiar con nuestros estados de ánimo: casi nunca nos detenemos a pensar cómo nos sentimos, por qué nos sentimos así o si podríamos sentirnos de otra manera.

Desde pequeños, escuela y familia nos enseñaron a valorar el grado de inteligencia y éxito de las personas a partir de sus habilidades intelectuales. Sin embargo, existen otras maneras de ser inteligente: la capacidad para manejar con eficiencia nuestras emociones y sentimientos es una de ellas.

La inteligencia emocional o IE es conocida como la capacidad de sentir, entender y aplicar eficazmente el poder y la agudeza de las emociones como fuente de energía humana, información, conexión e influencia; es quizá la causa por la que algunas personas con un coeficiente intelectual alto, son aventajadas por otras con un coeficiente intelectual menor.

El estudio de los sentimientos y las emociones se ha extendido en la última época mediante el modelo de la Inteligencia Emocional (IE). Con la denominación de IE se pretende significar todo un conjunto de habilidades de procedencia psíquica que influyen en nuestra conducta.

El avance en la investigación de las funciones del cerebro y de sus respectivas conexiones neuronales, ha permitido un mejor conocimiento de su interacción con las diferentes estructuras y áreas cerebrales que gobiernan nuestros estados de ánimo: iras, temores, pasiones, alegrías, etc. favoreciendo el desarrollo de la IE.

A continuación se desarrollará el tema de la inteligencia emocional y sus repercusiones en diversas áreas de nuestra vida como lo son: rendimiento académico o profesional, relaciones personales y vida familiar, entre otros.

2. Origen del término

El término inteligencia emocional fue utilizado por primera vez en 1990 por Peter Salovey y John Mayer, quienes la definieron como la capacidad de controlar y regular los sentimientos de uno mismo y de los demás y utilizarlos como guía del pensamiento y de la acción.

Uno de los objetivos fundamentales de la IE, es el poner de relieve las limitaciones del denominado Coeficiente Intelectual (CI). Los defensores de este modelo, consideran que el CI, es una capacidad genética e innata que no puede ser modificada. Por tanto, el destino de las personas se halla de antemano determinada por la aptitud del CI.

La inteligencia emocional se concreta en un amplio número de habilidades y rasgos de personalidad: empatía, expresión y comprensión de los sentimientos , control de nuestro carácter , independencia, capacidad de adaptación, simpatía, capacidad de resolver los problemas de forma interpersonal, habilidades sociales, persistencia, cordialidad, amabilidad y respeto

Frente ha ello, el modelo de la IE, sostiene que el CI no es el único factor que indica la capacidad del sujeto humano, ya que existen toda una serie de habilidades que se pueden aprender, basadas en los sentimientos y las emociones: el autocontrol, el entusiasmo, la automotivación, la empatía, etc.

3. Influencia de la emociones en los seres humanos

La IE sostiene que los sentimientos y las emociones tienen una gran influencia en los asuntos humanos. Los psicólogos destacan la preponderancia del corazón (sede figurada de los sentimientos) sobre la razón en los momentos cruciales de la vida. Pues son las emociones las que nos permiten afrontar situaciones difíciles. Es lo que expresa la frase de Pascal: ¿El corazón tiene razones que la razón no comprende?

Nuestras emociones se integran en el sistema nervioso en forma de tendencias automáticas. Es así, que nuestras decisiones y nuestras acciones dependen tanto de nuestros sentimientos como de nuestros pensamientos. Nuestras reacciones ante determinadas situaciones, no son solo fruto de un juicio racional, sino también de emociones en forma de impulsos de acción automática.

Desde la antigüedad han existido normas y leyes con el intento de encauzar la vida emocional, pero a pesar de ello, la razón se ve a menudo desbordada por la fuerza de las pasiones.

Cada emoción dispone al cuerpo a un tipo distinto de respuesta, y estas predisposiciones biológicas a la acción son moderadas por nuestras experiencias vitales y por el medio cultural (las diversas culturas no tienen el mismo sentido de la tristeza o de la alegría).

4. Mente racional y mente emocional

Al margen de que algunos filósofos consideren artificial la dualidad mental entre la razón y las emociones, el modelo de la IE afirma que tenemos por un lado una mente racional, que es la capacidad consciente de pensar, deliberar y reflexionar, y por otro lado una mente emocional que es más impulsiva e influyente que la mente racional.

La certeza emocional configura una convicción distinta a la certeza de la mente racional, no obstante, hay una proporcionalidad entre el control emocional y el racional, y estas dos mentes operan en colaboración, entrelazando sus distintas formas de conocimiento. Cuanto más intensa es la mente emocional, menos eficaz es la mente racional, y viceversa.

Lo más adecuado para el sujeto es que exista un equilibrio, en el cual, la emoción influye en las operaciones de la razón y ésta ajusta y filtra las operaciones procedente de las emociones, actuando como dos facultades relativamente independientes que reflejan el funcionamiento de circuitos cerebrales distintos, aunque interrelacionados.

La IE destaca la perenne y fecunda tensión entre estas dos mentes, aunque a menudo están coordinadas. Pero cuando de forma desbordada irrumpen las pasiones, el equilibrio puede romperse y la mente emocional puede bloquear y paralizar a la mente racional.

5. Habilidades propias de la inteligencia emocional

Como hemos dicho, la inteligencia emocional incluye cuatro grupos de habilidades, si excluimos las habilidades sociales, tenemos: la conciencia de sí mismo, la autorregulación, la motivación y la empatía.

Conciencia de sí mismo

La toma de conciencia y expresión de las propias emociones es la capacidad de reconocer una emoción o sentimiento en el mismo momento en que aparece y constituye la piedra angular de la inteligencia emocional. Hacernos conscientes de nuestras emociones requiere estar atentos a los estados internos y a nuestras reacciones en sus distintas formas (pensamiento, respuesta fisiológica, conductas manifiestas) relacionándolas con los estímulos que las provocan. La comprensión se ve facilitada o inhibida por nuestra actitud y valoración de la emoción si mantenemos una actitud neutra, sin juzgar o rechazar lo que sentimos.

Autorregulación

La segunda de las habilidades es la capacidad de controlar las emociones, de tranquilizarse uno mismo, de desembarazarse de la ansiedad, la tristeza y la irritabilidad exageradas. No se trata de reprimir- las sino de su equilibrio, pues cada una tiene su función y utilidad. Podemos controlar el tiempo que dura una emoción, no el momento en que nos veremos arrastrados por ella. El arte de calmarse a uno mismo es una de las habilidades vitales fundamentales, que se adquiere como resultado de la acción mediadora de los demás, es decir, aprendemos a calmarnos tratándonos como nos han tratado, pero aprendible y mejorable en todo momento de la vida.

Con relación al enfado, hay que conocer que su detonante universal es la sensación de hallarse amenazado, bien real o simbólicamente. Consiste desde la perspectiva hormonal en una secreción de hormonas que producen un acceso puntual y rápido de energía, una hipersensibilidad difusa que puede durar horas o incluso días, descendiendo progresivamente nuestro umbral de irritabilidad.

Podemos afirmar, que esta es la emoción más persistente y difícil de controlar, aunque el peor consejero es la creencia errónea de que es ingobernable. Lo importante para su control es intervenir en la cadena de pensamientos hostiles que los alimenta.

Motivación

La habilidad de motivarnos, el optimismo, es uno de los requisitos imprescindibles para la consecución de metas relevantes y tareas complejas y se relaciona con un amplio elenco de conceptos psicológicos que usamos habitualmente: control de impulsos, inhibición de pensamientos negativos, estilo atributivo, nivel de expectativas y autoestima.

La motivación parece ser una de las habilidades psicológicas más importantes y relevantes, preocuparse consume los recursos que necesitamos para afrontar con éxito los retos vitales y académicos.

La autoestima, se puede considerar como uno de los elementos esenciales no sólo del proceso de aprendizaje escolar, sino de salud mental y desarrollo sano y global de la personalidad.

La capacidad de motivarse a uno mismo se pone especialmente a prueba cuando surgen las dificultades, el cansancio, el fracaso, es el momento en que mantener el pensamiento de que las cosas irán bien, puede significar el éxito o el abandono y el fracaso.

El desarrollo del optimismo, la autoestima, la expectativa de éxito, están relacionados con las pautas de crianza y educación, evitando el proteccionismo y la crítica destructiva, favoreciendo la autonomía y los logros personales, utilizando el elogio y la pedagogía del éxito, complementando con la exigencia y la ayuda.

Empatía

Por último, tenemos la empatía, que es la capacidad de captar los estados emocionales de los demás y reaccionar de forma apropiada socialmente. En la base de esta capacidad están la de captar los propios estados emocionales y la de percibir los elementos no verbales asociados a las emociones.

La espontaneidad de las emociones

La IE señala que la mayor rapidez de la mente emocional respecto de la mente racional, determina que los primeros impulsos procedan más del corazón que de la cabeza. No obstante hay otro tipo de reacciones emocionales que son simultáneas con los pensamientos.

Otras emociones aparecen porque las evocamos intencionadamente (entristecernos por un acontecimiento pasado). Pero la mente racional no decide a priori que emociones debemos tener, sino que éstas nos invaden como un hecho inevitable y espontáneo (no podemos decidir cuando estar enamorados, furiosos o alegres. Lo único que la mente racional puede controlar es el curso que siguen nuestras reacciones.

La mente emocional al ser poco reflexiva, asume las propias opiniones como verdades absolutas. Por eso, tiende a rechazar con actitud visceral las opiniones ajenas. Esto explica lo difícil que resulta razonar con alguien que es muy sentimental, pues deja de lado la lógica los argumentos que no se ajustan a su convicción.

Múltiples actividades humanas hablan directamente a la mente emocional, como es el caso del arte (novelas, películas, poesía, canciones, teatro..etc.) Los grandes líderes saben movilizar los corazones hablando el lenguaje y la lógica de la emoción.

6. Algunas características de las personas con alto nivel de inteligencia emocional

  1. Saben qué emociones experimentan y por qué.
  2. Perciben vínculos entre sus sentimientos y lo que piensan, hacen y dicen.
  3. Conocen sus puntos fuertes y sus debilidades.
  4. Son reflexivas, aprenden de la experiencia.
  5. Se muestran seguras de sí mismas.
  6. Pueden expresar opiniones que despierten rechazo y arriesgarse por lo que consideran correcto.
  7. Manejan bien los sentimientos impulsivos y emociones perturbadoras.
  8. Piensan con claridad y no pierden la concentración cuando son so- metidas a presión.

Las mujeres con inteligencia emocional son:

  1. Positivas y expresan sus sentimientos abiertamente.
  2. Sociables.
  3. Se adaptan bien a la tensión.
  4. Se comunican fácilmente con personas nuevas.
  5. Alegres, espontáneas.
  6. Rara vez se sienten ansiosas o culpables.

Los hombres con inteligencia emocional son:

  1. Socialmente equilibrados.
  2. Sociables y alegres.
  3. No suelen pensar las cosas una y otra vez.
  4. Notable capacidad de compromiso con las personas o causas, de asumir responsabilidades y de alcanzar una perspectiva ética.
  5. Solidarios y cuidadosos de sus relaciones.
  6. Su vida emocional es rica y apropiada.
  7. Se sienten cómodos con ellos mismos y con los demás.

7. El desarrollo de las habilidades emocionales

Diversas investigaciones realizadas con estudiantes de elevado Coeficiente Intelectual, pusieron de relieve que no habían alcanzado un éxito laboral superior a otros con calificaciones inferiores, ni tampoco que hubieran obtenido una cota mayor de felicidad ni más satisfacción en las relaciones sociales.

Un estudiante con notas excelentes es idóneo para obtener una buena evaluación académica, pero esta evaluación no nos dice nada acerca de su forma de reaccionar ante las vicisitudes de la vida.

A pesar de ello, nuestras escuelas siguen insistiendo en el desarrollo de las capacidades académicas en detrimento del dominio y pericia de las habilidades emocionales o rasgos del carácter que son tan decisivos para la persona.

Ha llegado el momento de ampliar la clásica noción del talento, para ayudar a los escolares a que sus facultades personales se aprovechen plenamente.

Pero mientras continúe dándose un estilo educativo sólo para preparar profesores universitarios o científicos, ajustándolo a un molde estrecho y preconcebido, continuaremos gastando energías clasificando a los niños y difícilmente aprenderán a cultivar sus habilidades emocionales.

Las habilidades emocionales se desarrollan y son base para en el buen desarrollo profesional y para la vida personal. Las habilidades emocionales “pesan” en la vida personal, en todo tipo de trabajo, y especialmente en aquellos que tienen trato directo con las personas. Son aptitudes que están interrelacionadas unas con otras, y se apoyan en la habilidad más básica que es comprenderse bien a si mismo.

Hay habilidades respecto de sí mismo, y habilidades respecto de los demás.

Habilidades emocionales respecto de sí mismo.

  • Autoevaluación precisa: Es estar atentos a nuestras emociones y sensaciones, escuchando “los mensajes del cuerpo”. Conociendo nuestros puntos fuertes y debilidades, sin excusas y justificaciones que no ayudan. “Mirándonos” con cierta distancia.
  • Confianza en sí mismo: Es juzgar positivamente nuestra propia capacidad de desempeño, desechando los “no puedo” y las quejas. Es pensar con autoeficacia.
  • Autodominio: Autodominio es manejar bien los sentimientos impulsivos y las emociones perturbadoras.
  • Confiabilidad: Confiabilidad es cumplir compromisos y promesas hechas.
    Innovación, iniciativa: Iniciativa es plantearse “sin temores” frente a la acción que podemos emprender.
  • Adaptabilidad: Adaptabilidad es mostrarse flexible ante las situaciones, tomando en cuenta otras perspectivas. Es primero ver lo bueno de una nueva idea, antes de sus inconvenientes.
    Afán de mejorar y de ganar: Es desafiarse con metas “difíciles”, y hallar la forma de desempeñarse mejor. Es satisfacer las más altas expectativas.
  • Compromiso: Compromiso es estar dispuesto al esfuerzo personal para lograr un objetivo de grupo. Es sentirse propietario” de algo y no arrendatario.
  • Optimismo: Optimismo es estar dispuesto a tomar las riendas de las situaciones y no a sentirse víctimas.

Conocerse a sí mismo

Otro aspecto que subraya la IE , es la capacidad de conocimiento de uno mismo. El fruto del propio conocimiento nos capacita para establecer contacto con los propios sentimientos, diferenciarlos entre ellos con objeto de orientar nuestra conducta.

Esta capacidad de reconocer nuestros sentimientos es la piedra angular de la IE. Su verificación se obtiene mediante la introspección subjetiva que nos permite seguir con atención nuestros sentimientos. Las personas que poseen una mayor comprensión y una más clara certeza de sus emociones saben dirigir mejor sus propias vidas.

La conciencia de uno mismo es una habilidad que nos permite controlar nuestros sentimientos y adecuarlos a las circunstancias del momento. Hay que tener la habilidad para saber tranquilizarse y desembarazarse de la ansiedad, de la tristeza o la irritabilidad. Las personas que carecen de estas habilidades, se enfrentan constantemente con tensiones desagradables que desestabilizan y atormentan su estado interior. Quienes tienen esta habilidad se recuperan más rápido de los reveses de la vida.

El autocontrol emocional nos da la capacidad de demorar la gratificación momentánea y sofocar la agresiva impulsividad. Este dominio y gobierno propio nos hace más productivos y eficaces en las empresas que acometemos.

8. Inteligencia emocional aplicada en el trabajo

Recientes investigaciones sugieren que un profesional técnicamente eficiente con un alto grado de coeficiente emocional es una persona que percibe más hábil, fácil y rápidamente que los demás los conflictos en gestación que tienen que resolverse.

Percibe los puntos vulnerables de los equipos y las organizaciones a las que hay que prestar atención. Percibe las distancias o vacíos que se deben salvar, las conexiones ocultas que significan oportunidad, y las oscuras y misteriosas interacciones que prometen ser de oro.

Aptitudes de la inteligencia emocional en la empresa:

1. Aptitudes personales: Las personas excepcionales que se recuerdan son las que tienen más corazón, las que tienen más genio creativo intuitivo, tal vez compasión o valor, estas personas que fueron honestas emocionalmente y se negaron a vivir una mentira, tuvieron el corazón para abrir nuevos caminos, cuestionar reglas y extender una mano compasiva o decir una palabra cariñosa y de contar con aptitudes que las diferenciaron de los demás.

2. Aptitudes sociales: Estas habilidades son los ingredientes necesarios del éxito social, a las personas que las poseen les resulta fácil relacionarse con los demás, son sagaces en la interpretación de sus reacciones y sentimientos y además desarrollan:

a. Empatía: Comprender los sentimientos y las preocupaciones de los demás y su perspectiva.
b. Habilidades sociales: Significa orientarse hacia las personas, no mirar la vida como un observador sino en hacer algo común con ellas.

Pautas para ser emocionalmente inteligente en el trabajo:

  • No se calle. Diga lo que piensa, siempre desde una crítica constructiva. Razone su punto de vista y ofrezca alternativas.
  • Si se solicita su opinión sea cauto en lo que dice, no descalifique el trabajo de los demás.
  • Asuma el riesgo de parecer imperfecto. Exteriorice sus emociones y aprenda a canalizarlas.
  • Dé las gracias y reconozca en los demás el trabajo bien hecho.
  • Aproveche mejor el tiempo. Tome pausas estratégicas cada 30 minutos. Descubra su ritmo natural y evite interrupciones.
  • Practique ejercicio físico. Haga estiramientos durante las pausas.
  • Déjese llevar por su intuición práctica. No lo deje todo en manos de los analistas. Tenga sentido del oportunismo.
  • Libere su creatividad. Si el ambiente de trabajo no lo permite, hágalo en su tiempo libre.
  • Aprenda a trabajar en grupo. No se aísle. Adquiera un compromiso común y dialogue.

El medio laboral es exigente respecto de estas habilidades

Requerimos de…..

  • Autonomía, capacidad de ser su propio jefe y capacidad de controlar y mejorar el propio trabajo.
  • Capacidad de enfrentar, anticiparse a los riesgos y dominarlos.
  • Capacidad de obtener resultados.
  • Capacidad de ser flexible, adaptable.
  • Capacidad de seleccionar la diversa información.

Esto implica…..

  • Aceptar la responsabilidad personal en el manejo de las propias elecciones.
  • Tomar la educación, y el desarrollo de hábitos, como una necesidad continua.
  • Decidir trabajar con valores y principios que nos den la confianza de tomar las decisiones correctas en el momento oportuno.

9. Ataduras más frecuentes que no nos permiten desarrollar la inteligencia emocional

Nuestras ataduras a factores externos son limitaciones por las cuales no desarrollamos la inteligencia emocional, por eso es importante reconocerlas y así recapacitar para mejorar nuestra aptitud interna que nos permita triunfar en la vida:

a. La atadura a las cosas: La mayoría de nosotros nos identificamos con nosotros mismos y con nuestro nivel de éxito o fracaso atendiendo a la calidad y cantidad de cuanto poseemos, haciéndolo así, medimos nuestro valor como seres humanos en proporción a la adquisición de objetos.
b. La atadura a los demás: Todas las relaciones humanas pueden resultar mucho más satisfactorias si se entablan bajo una actitud de desprendimiento e independencia. Esto significa amar a los demás lo suficiente como para ser capaces de dejarles elegir su camino, aun- que se piense que las decisiones que toman no se ajustan a sus deseos.
c. La atadura al pasado: Para eliminar algunos de los sufrimientos que existen en el mundo debe aprender a distanciarse del pasado y las tradiciones tan determinantes en la vida de muchas personas.
d. La atadura a su forma: Si usted piensa que sólo es un cuerpo, y que allá donde él va, usted lo sigue, entonces lo que está haciendo es disponerse para una vida en la que solo tendrá cabida el sufrimiento.
e. La atadura a las ideas y a tener razón: Esta atadura que nos obliga a tener siempre la razón genera sufrimiento porque de nada nos sirve si queremos comunicarnos con los demás. Si usted no sabe o no puede comunicarse con quienes le rodean, sufrirá.
f. La atadura al dinero: Alejarse y no depender del dinero, constituye una dura tarea, cuando es lo más importante en la vida de muchas personas. Se ha considerado que las personas que han sido capaces de realizar lo que amaban y de vivir según lo que creían siempre han contado con el dinero que necesitaban; parece como si hubieran permitido que su dinero siguiera circulando por ahí, utilizándolo en beneficio de los demás, en vez de obsesionarse por la acumulación del capital y el costo de la vida.
g. La atadura al triunfo: Cuando dependemos de la victoria, ésta se convierte en una obsesión, y al final si no nos alzamos con ella, sufrimos mucho con la derrota.

El desarrollo de habilidades emocionales requiere práctica.

  • Es necesario autoevaluarse
  • Estar dispuestos a cambiar y a dirigir el propio cambio
  • Priorizar aptitudes
  • Ponerse metas realistas y no desalentadoras
  • Evaluar periódicamente esfuerzos, logros
  • Incentivarse con las expectativas de éxito
  • Actuar según una misión o sentido de tarea

Líneas de acción

  • Comprender y aplicar los principios en que se basa una buena cosecha. (Preparación, buena semilla, cuidado).
  • Comprender y aplicar el que hay habilidades que sólo se obtienen practicándolas. Ej “nos hacemos confiables”.
  • Comprender y actuar de acuerdo a que los que hacemos es más importante que el cuánto hacemos.
  • No conformarse con la realidad, ser proactivos.
  • Actuar de acuerdo al principio de la abundancia. (Modelo ganar- ganar).
  • Asumir una metodología de administración del propio tiempo, buscando generar sinergia en lo que hacemos.
  • No olvidar que las personas y las relaciones que tenemos con ellas, son lo más importante.

10. Reflexión

La base de la inteligencia emocional son las emociones y, si las sabemos controlar, seremos dueños tanto de nuestros pensamientos como de nuestras acciones.

La siguiente reflexión nos expone como aplicarlas:

  • Dueño de mis emociones
  • “Hoy, seré dueño de mis emociones. Si me siento deprimido, cantaré.
  • Si me siento triste, reiré.
  • Si me siento enfermo, redoblaré mi trabajo. Si siento miedo, me lanzaré adelante.
  • Si me siento inferior, vestiré ropas nuevas. Si me siento inseguro, levantaré mi voz.
  • Si siento pobreza, pensaré en la riqueza futura.
  • Si me siento incompetente, recordaré éxitos del pasado.
  • Si me siento insignificante, recordaré mis metas.

Hoy, seré dueño de mis emociones.

  • Si se apodera de mí la confianza excesiva, recordaré mis fracasos.
  • Si me siento inclinado a entregarme con exceso a la buena vida, recordaré hambres pasadas.
  • Si siento complacencia, recordaré a mis competidores.
  • Si disfruto de momentos de grandeza, recordaré momentos de vergüenza.
  • Si me siento todopoderoso, procuraré detener el viento.
  • Si alcanzo grandes riquezas, recordaré una boca hambrienta.
  • Si me siento orgulloso en exceso, recordaré un momento de debilidad.
  • Si pienso que mi habilidad no tiene igual, contemplaré las estrellas.
  • En definitiva, hoy seré dueño de mis emociones”.

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