Ciencias de la salud

Consecuencias de las conductas de riesgo

Conductas de riesgo

Durante la adolescencia se adquieren la mayoría de los hábitos que pueden tener consecuencias para la salud a largo plazo como el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas, embarazo precoz, mala alimentación, infecciones de transmisión sexual, depresión y suicidio, entre otras. Éstas implican un deterioro considerable en la salud del adolescente afectando su calidad de vida, la inserción con igualdad de oportunidades en la sociedad y gran parte de las enfermedades crónicas no transmisibles del adulto. Debido a todos los ajustes que debe realizar el adolescente, no es de sorprender que experimente niveles de estrés elevados que lo colocan en situación de vulnerabilidad en relación a las conductas de riesgo.

Imagen 1. Las conductas sexuales pueden convertirse en un factor de riesgo
para el futuro de las adolescentes.

¿Qué es una conducta de riesgo?

Una conducta de riesgo se define como la búsqueda repetida del peligro, en la que la persona pone en juego su vida. Estas conductas, diferentes de las acciones peligrosas o arriesgadas realizadas cuando las circunstancias lo exigen, reflejan una atracción por el riesgo y, en especial, por las sensaciones fuertes relacionadas con el enfrentamiento con el peligro y la muerte. Dichas conductas están asociadas a los siguientes factores.

Diagrama 1. Factores de riesgo en conductas de los adolescentes

Deserción escolar

Para cualquier país la deserción escolar representa un elevado costo social, ya que implica una fuerza de trabajo menos competente, con un efecto negativo en el cre- cimiento económico.

La deserción escolar es inevitablemente la pérdida de disciplina y objetivos concre- tos que con frecuencia son sustituidos por el ocio y un ambiente inseguro con clima de violencia y facilidad para cometer actos delictivos, a menos que se deba a la necesidad de trabajar.

Para el propio desertor significa permanecer en situación de desigualdad social, pobreza y dificultad para la integración social a otros niveles de mayor preparación académica. Y al no tener la oportunidad de prosperar en la vida, los desertores escolares se involucran con mayor facilidad en conductas de riesgo que vulneran su seguridad, integridad física, salud, libertad e incluso la vida.

Según diversas encuestas, la mayor parte de jóvenes que abandonan la escuela lo hacen porque no les gusta estudiar, por factores económicos, porque la escuela está muy lejos, porque la familia no les permitió seguir estudiando para que ayuden en las labores de la casa o para que trabajen y contribuyan con la economía familiar, incluso por matrimonio o unión libre.

Sea cual sea el motivo, los jóvenes que han abandonado la escuela tienen mayor probabilidad de incurrir en conductas de riesgo.

Imagen 2. La deserción escolar puede llevar
a conductas de riesgo como el alcoholismo,
el tabaquismo y la depresión.

Tabaquismo

El tabaquismo es un freno al desarrollo, reduce la salud y productividad de sus víctimas, pues sus efectos nocivos se expresan en el periodo más productivo de la vida. Muchos niños y adolescentes que han fumado durante años manifiestan los efectos en la edad adulta, cuando aún deberían tener muchos años de vida saludable por delante. Los fumadores tienen de cuatro a cinco veces más riesgo de sufrir un infarto al miocardio y de ser hipertensos.

Se sabe de la asociación entre el tabaquismo y el cáncer de pulmón, pero se habla poco de la mayor probabilidad de desarrollar cáncer de cavidad oral, faringe, laringe, esófago, estómago, páncreas, vejiga, riñón y leucemias; enfermedades respiratorias como la EPOC y las alteraciones que pueden tener los bebés de mujeres que fuman en el embarazo como bajo peso al nacer, concentraciones elevadas de hormonas como prolactina y somatotropina (hormona de crecimiento), mutaciones en diversos tipos celulares y mayor frecuencia de abortos espontáneos.

El tabaquismo en niños y hombres adolescentes se debe a la imitación de conductas en el adulto y a la presión de los grupos de amigos. Aunque los efectos más serios ocurren después de décadas, también puede haber efectos a corto plazo. Los hombres que fuman experimentan mayores riesgos de padecer disfunción eréctil que los no fumadores, y el riesgo aumenta en proporción a la cantidad de cigarrillos que fuman al día.

El riesgo más peligroso es la adicción, que representa un decremento de los años de vida. Si la adicción se adquiere en la juventud, es muy probable que se desarrollen cualesquiera de las enfermedades mencionadas como consecuencia del tabaco.

En niñas y mujeres adolescentes el tabaquismo ha ido en aumento y las estadísticas muestran que se ha emparejado el número de hombres y mujeres fumadores. La adicción es exactamente igual en ambos sexos, y también lo es el riesgo de contraer enfermedades asociadas a este hábito. Las mujeres tienen la idea de que fumar ayu- da a conservar un peso saludable, pero esto es un mito. No hay estudios que prueben que fumar cause pérdida de peso; lo que ocurre es que al dejar de fumar las chicas comen más y desde luego aumentan de peso.

Se aprende a fumar durante la infancia. Muchos estudios indican que la edad de inicio es en algunos alrededor de los 13 años, y en la mayoría antes de los 20 años. La exposición al humo del tabaco de forma pasiva también es factor de riesgo para cáncer pulmonar y enfermedades cardiovasculares. Muchos niños viven expuestos al humo del cigarro en sus casas.

Alcoholismo

El abuso del alcohol es responsable de un número importante de accidentes, vio- lencia física, conductas sexuales de riesgo, cáncer de mama y pérdida de empleo. Constituye uno de los principales factores de riesgo de morbimortalidad en enferme- dades crónicas no transmisibles. En México, el uso de alcohol es la cuarta causa de mortalidad incluyendo cirrosis hepática, lesiones intencionales y no intencionales, accidentes de tránsito y homicidios.

Se define la prevalencia de consumo de alcohol como la ingestión de una bebida alcohólica a diario u ocasionalmente en el último año. En 2012, 25% de los jóvenes entre 10 y 19 años formaban parte de la estadística de prevalencia de consumo de alcohol, incluyendo hombres y mujeres. Se llama intoxicación etílica al trastorno inducido por el alcohol y se observa con mucha frecuencia en varones entre 19 y 28 años de edad. El etanol, a diferencia de otras sustancias adictivas, es un importante tóxico celular que produce alteraciones multiorgánicas y daños irreversibles orgánicos con elevada morbimortalidad. La toxicidad es mayor en el sexo femenino.

Tabla 1. Estadios en la intoxicación etílica.

Drogadicción

El consumo de estas sustancias daña la salud física y mental y se asocia a fenómenos sociales de prevalencia creciente, como violencia y desintegración familiar. México se encuentra ya dentro del grupo de países de alto consumo de drogas ilegales. Se calcula que medio millón de mexicanos las consumen regularmente. De ellos, 280 000 sufren dependencia grave, y entre los detenidos por diversos delitos, las consumen 9 de cada 10 personas.

La prevalencia de consumo de drogas ilegales es dos veces más alta en áreas urbanas que en zonas rurales. La droga de mayor consumo es la mariguana, que en promedio comienza a consumirse entre los 15 y 18 años, seguida de la cocaína y otras drogas médicas, cuyo consumo es más frecuente en mujeres que en hombres.

Los efectos del consumo de estas drogas en la salud son enormes. Se calcula que más del 90% de usuarios de drogas inyectadas dan resultados positivos para el virus de la hepatitis C, 84% para el de la hepatitis B y 6% están infectados por el VIH. Los adolescentes que consumen drogas tienen cinco veces más probabilidad de presen- tar conductas suicidas. Además existe una importante relación entre el consumo de sustancias y la comisión de delitos. En más de la mitad de los casos de delito hay consumo de alcohol previo.

Depresión

La frecuencia de la depresión ha ido en aumento en el país. La Secretaría de Salud (SS) calcula que al menos uno de cada ocho adolescentes la padecen. Es de origen multifactorial: estrés, decepciones, pérdida de un ser querido y violencia familiar son algunas de las causas asociadas a la depresión, aunque en muchos casos no se puede determinar una causa. La depresión obviamente no constituye una conducta de riesgo, más bien es consecuencia de la práctica de otras conductas de riesgo o el factor desencadenante para que éstas se practiquen.

Las principales manifestaciones son tristeza, irritabilidad, ideas de desesperanza o minusvalía, aburrimiento persistente, cansancio y apatía, dificultad para concentrarse y para tomar decisiones. La depresión es causa de deserción escolar, pero los casos de suicidio son más frecuentes en jóvenes que han abandonado la escuela. Según la SS, entre 1990 y 2000 la tasa de suicidios se duplicó en el grupo de edad que corresponde a la adolescencia.

Conductas sexuales de riesgo

El inicio cada vez más temprano de la actividad sexual es un factor de riesgo importante, por la inmadurez y porque de ella deriva la inminente posibilidad de cambios de pareja frecuentes y de múltiples parejas sexuales que aumentan el riesgo de enfermedades de trasmisión sexual. Las prácticas sexuales sin protección aumentan la probabilidad de adquirir infecciones de transmisión sexual, de las cuales la infección por VIH es la más peligrosa, y los embarazos no planeados o no deseados, que además de las consecuencias en el proyecto de vida y los riesgos para la salud, muchas veces se asocian a aborto inducido. Estas prácticas se definen como de alto riesgo cuando se vinculan con alto número de parejas sexuales, elevada frecuencia de cambio de pareja y falta de uso o empleo incorrecto de métodos de protección o anticonceptivos.

El aborto practicado en condiciones inseguras es un problema social y de salud pública. La OMS lo define como un procedimiento para interrumpir el embarazo no deseado practicado por personas sin capacitación o experiencia, o en un ambiente que carece de los estándares médicos mínimos. A pesar de que existen métodos anticonceptivos eficaces, el embarazo no deseado y el aborto inducido son problemas que enfrentan muchas mujeres. Algunas estadísticas señalan que 40% de los embarazos en México no son planeados; de ellos, 17% terminan en aborto inducido y el resto en nacimientos no deseados con una alta carga para la madre y su hijo.

Para el año 2000, la OMS calculó que a escala internacional se realizaron 19 millones de abortos en condiciones inseguras, de los cuales 18.5 millones se efectuaron en países en vías de desarrollo. Las principales complicaciones de estos abortos inseguros son causa de mortalidad por hemorragias graves, infecciones que provocan septicemia y choque séptico. Algunas mujeres que han abortado sienten alivio, pero otras acarrean secuelas psicológicas. La prevalencia de infertilidad como consecuencia de abortos inseguros es alta.

Delincuencia juvenil

La OMS definió en 2012 la violencia juvenil como la aparición de jóvenes (10 a 19 años), como víctimas o agresores, en el uso intencional de la fuerza física o el poder, como amenaza o acción efectiva, contra sí mismo, contra otra persona o contra un grupo o comunidad, ya sea que produzca o tenga alta probabilidad de producir una lesión (daño), la muerte, daño psicológico, mal desarrollo o la privación de los bienes de la o las personas agredidas.

Imagen 3. Muchos jóvenes se inician en el mundo de la delincuencia por falta de oportunidades.

Se mencionan como factores que pueden incidir en la génesis de la violencia juvenil los siguientes:

  1. Factores relacionados con la posición y situación familiar y social de la persona, como sexo, edad, educación, socialización en la violencia, consumo de drogas y alcohol.
  2. Factores sociales, económicos y culturales, desempleo, pobreza, hacinamiento, desigualdad social, violencia en los medios de comunicación, cultura de la violencia.
  3. Factores relacionados con el contexto en el que ocurre la violencia, tráfico de drogas, corrupción, disponibilidad de armas de fuego, fiestas.
  4. Factores psicológicos, básicamente de la personalidad del infractor.

En la mayoría de los casos confluyen dos o más factores. Los más señalados por diferentes autores son desorganización y desintegración familiar, crisis económica y pobreza, consumo de drogas y alcohol y ausencia de una actividad ya sea académica o laboral.

En una encuesta realizada a la población en 2000, los entrevistados señalaron como principales causas de desintegración familiar (22.5%), consumo de drogas o alcohol (18.5), deserción escolar o baja escolaridad (11.3%) y falta de vigilancia (6.9%). ¿Tú qué opinas?

Es claro que falta mucho por hacer sobre necesidades básicas de los hijos y cómo satisfacerlas, creación de escuelas seguras con un nivel competitivo que constituyan una motivación para los jóvenes, promoción de la participación juvenil en la toma de decisiones que afectan su vida presente y futura en la que puedan construir proyectos de vida realistas, actividades comunitarias que incluyan deporte, cultura (teatro, cine, danza, música, conciertos, etc.) y disposición de los jóvenes para usarlas en forma adecuada.

Factores protectores

La contraparte de los factores protectores que permiten a los adolescentes decir no a este tipo de conductas y que pueden o no estar presentes en sus grupos sociales como son la familia, la escuela y la comunidad en que viven.

Diagrama 2. Habilidades sociales que protegen en conductas de riesgo.

La familia

Es el primer factor protector y facilitador del ajuste psicológico sano en el adolescente. En la familia el adolescente recibe educación en valores, y si la familia es funcional, permite que el adolescente logre su autonomía con la capacidad de integrarse a la sociedad con éxito. Los padres son quienes inculcan hábitos de vida, formas de expresar afecto, capacidad de relacionarse con otras personas, de resolver conflictos y desarrollar conductas de autocuidado. Se ha comprobado que ha mayor apoyo de los padres y adecuada dirección conductual hay menor consumo de drogas, autoagresión, violencia y depresión, así como autocontrol en el ejercicio de su sexualidad.

Se han detectado cuatro factores que constituyen valiosas herramientas para protegerse de este tipo de conductas: la autoestima, la asertividad, la resiliencia y la empatía. Los cuatro son aprendidos en el hogar ya sea como imitación de las conductas paternas y maternas o por ensayo-error con la orientación de la familia cuando los jóvenes cometen equivocaciones.

Además de la familia, la escuela debe ser un elemento protector ya que proporciona contacto con otros adultos diferentes de los padres y en quienes puede encontrar apoyo. Pero posiblemente el factor más importante es la posibilidad de relacionar- se con un grupo de adolescentes que están viviendo los mismos problemas. Ser aceptado por el grupo de iguales es de suma importancia para el adolescente, lo cual explica el poder tanto para bien como para mal que su grupo de amigos ejerce sobre él.

La comunidad puede ofrecer modelos y actividades que actúen como factores protectores ante conductas de riesgo. Contar con parques, instalaciones deportivas o culturales y centros de reunión donde los adolescentes puedan realizar actividades sanas en su tiempo libre.

Imagen 4. La familia, la escuela y la comunidad
son puntos de apoyo fundamentales para el desarrollo del adolescente.

Fuente: Secretaría de Educación Pública. (2015). Ciencias de la Salud II. Ciudad de México.