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Elaboración de conservas

Contenidos temáticos

  1. Definición de conserva
  2. Historia de la conservación
  3. Procesado y conservación de los alimentos
  4. Tipos de procesos de conservación
  5. Cómo elegir los envases
  6. Medidas de higiene
  7. Recipientes y otros útiles
  8. Receta de melocotón en almíbar
  9. Receta conserva de pescado
  10. Receta de conserva de frutas

Desarrollo del tema

1. Definición de conserva

Se llama conserva al resultado del proceso de manipulación de los alimentos de tal forma que se evite o ralentice su deterioro (pérdida de calidad, comestibilidad o valores nutricionales). Esto suele lograrse evitando el crecimiento de pasto natural, levaduras, hongos y otros microorganismos, así como retrasando la oxidación de las grasas que provocan su enranciamiento.

Las conservas también incluyen procesos que inhiben la decoloración natural que puede ocurrir durante la preparación de los alimentos, como la reacción de dorado enzimático que sucede tras su corte.

Muchos métodos de elaboración de conservas incluyen diversas técnicas de conservación de los alimentos. Las conservas de frutas, por ejemplo elaborando mermeladas a partir de ellas, implican cocción (para reducir su humedad y matar bacterias, hongos, etcétera), azucarado (para evitar que vuelvan a crecer) y envasado en un tarro hermético (para evitar su contaminación).

Son aspectos importantes de las conservas mantener o mejorar los valores nutricionales, la textura y el sabor, si bien históricamente algunos métodos han alterado drásticamente el carácter de los alimentos conservados. En muchos casos estos cambios han pasado a ser cualidades deseables, como es el caso de los quesos, yogures y encurtidos, entre otros.

2. Historia de la conservación

La historia de la conservación de los alimentos está estrechamente relacionada a la evolución humana. Desde que tenemos conocimientos la conservación de los alimentos ha sido fundamental para la supervivencia, las reservas de alimentos eran necesarias para sobrevivir durante los largos y gélidos inviernos o las prolongadas sequías.

En un principio los alimentos se tomaban de la naturaleza la recolección, la caza y la pesca, se conseguían en las proximidades con rudimentarias herramientas y se consumían in situ.

Cuando los asentamientos humanos se hicieron estables y apareció la agricultura y la ganadería, surgió la necesidad de guardar parte de las cosechas y provisiones, para prevenir la escasez en caso de necesidad, pérdidas de cosechas, guerras, epidemia, los seres humanos pasaron de ser recolectores a productores de alimentos.

Como recipientes, hasta el descubrimiento de la rudimentaria cerámica aproximadamente en el 6.500 a.C. se utilizaban pellejos de cuero, para los líquidos y recipientes de madera, cestos y arcones para los alimentos sólidos. La invención de la cerámica horneada y secada, supuso un gran paso adelante en el proceso de conservación.

Los romanos, conservaban vino durante décadas en ánforas herméticamente cerradas. Los árabes la introdujeron en España hasta entonces se utilizaba para endulzar y conservar miel, meloja y arrope.

En los siglos XVI y XVII se registran recetas de carnes conservadas en manteca de cerdo, verduras en salmuera y salazones, técnicas que aun hoy se siguen utilizando La extracción del azúcar de remolacha a mediados del siglo XVIII populariza un método de conservación que había estado reservada a las clases pudientes; las confituras.

Pero la gran revolución en la conservación de los alimentos se produce a principios del IXX en Francia de la mano de un cocinero llamado Nicolás Appert que descubre de forma empírica que hirviendo los alimentos en el interior de un recipiente cerrado estos se mantenían sin alterar por largos periodos de tiempo, conservando todas sus características de olor y sabor.

En 1880, Pasteur explica científicamente el fundamento de este método de conservación dando a conocer la existencia de los microorganismos causantes de la alteración de los alimentos. En la segunda mitad del siglo XX se desarrolla una nueva industria que fabrica nuevas sustancias que añadidas a los métodos tradicionales pueden conservar los alimentos durante décadas: los conservantes.

A finales del siglo XX se descubren envases como el tetra-brik y los polímeros plásticos entran de lleno en el panorama mundial de la conservación, conviviendo con los envases tradicionales.

Las modernas técnicas de irradiación de los alimentos o la manipulación biotecnológica utilizadas a finales del siglo XX y principios del XXI abren las posibilidades de conservación hasta límites insospechados.

3. Procesado y conservación de los alimentos

Los mecanismos empleados para proteger a los alimentos contra los microbios y otros agentes responsables de su deterioro para permitir su futuro consumo. Los alimentos en conserva deben mantener un aspecto, sabor y textura apetitosos así como su valor nutritivo original.

Hay muchos agentes que pueden destruir las peculiaridades sanas de la comida fresca. Los microorganismos, como las bacterias y los hongos, estropean los alimentos con rapidez. Las enzimas, que están presentes en todos los alimentos frescos, son sustancias catalizadoras que favorecen la degradación y los cambios químicos que afectan, en especial, la textura y el sabor.

El oxígeno atmosférico puede reaccionar con componentes de los alimentos, que se pueden volver rancios o cambiar su color natural. Igualmente dañinas resultan las plagas de insectos y roedores, que son responsables de enormes pérdidas en las reservas de alimentos.

No hay ningún método de conservación que ofrezca protección frente a todos los riesgos posibles durante un periodo ilimitado de tiempo. Los alimentos enlatados almacenados en la Antártida cerca del polo sur, por ejemplo, seguían siendo comestibles al cabo de 50 años, pero esta conservación a largo plazo no puede producirse en el cálido clima de los trópicos.

Además del enlatado y la congelación, existen otros métodos tradicionales de conservación como el secado, la salazón y el ahumado.

La desecación por congelación o liofilización es un método más reciente. Entre las nuevas técnicas experimentales se encuentran el uso de antibióticos y la exposición de los alimentos a la radiación nuclear.

4. Tipos de procesos de conservación

  • Envasado: El proceso de envasado recibe a veces el nombre de esterilización porque el tratamiento por calor al que se somete a los alimentos elimina todos los microorganismos que pueden echarlos a perder, así como aquellos que pueden ser perjudiciales para la salud como las bacterias patógenas y aquellas que producen toxinas letales. La mayoría de las operaciones de envasado comercial se basan en el principio de que la destrucción de bacterias se decuplica por cada 10 °C de incremento en la temperatura. Los alimentos expuestos a temperaturas elevadas durante unos pocos minutos o segundos conservan una mayor parte de su sabor natural. En el proceso Flash 18, un sistema continuo, los alimentos se esterilizan casi de forma instantánea en una cámara a presión para impedir que hiervan al ser introducidos en los recipientes.
  • Congelación: Aunque el hombre prehistórico almacenaba la carne en cuevas de hielo, la industria de congelados tiene un origen más reciente que la de envasado. El proceso de congelación fue utilizado comercialmente por primera vez en 1842, pero la conservación de alimentos a gran escala por congelación comenzó a finales del siglo XIX con la aparición de la refrigeración mecánica. La congelación conserva los alimentos impidiendo la multiplicación de los microorganismos. Dado que el proceso no destruye a todos los tipos de bacterias, aquellos que sobreviven se reaniman en la comida al descongelarse y a menudo se multiplican mucho más rápido que antes de la congelación.
  • Secado y deshidratación: Aunque ambos términos se aplican a la eliminación del agua de los alimentos, en la tecnología de los alimentos el término secado se refiere a la desecación natural, como la que se obtiene exponiendo la fruta a la acción del sol, y el de deshidratación designa el secado por medios artificiales, como una corriente de aire caliente. En la desecación por congelación o liofilización, se someten alimentos congelados a la acción del vacío en una cámara especial hasta lograr la sublimación de la mayor parte de su contenido en agua. La eliminación del agua ofrece una excelente protección frente a las causas más comunes de deterioro de los alimentos.
  • El ahumado: La salazón del pescado y el cerdo es una práctica muy antigua. La sal penetra en los tejidos y, a todos los efectos, fija el agua, inhibiendo así el desarrollo de las bacterias que deterioran los alimentos. Otro método muy empleado es el ahumado, que se utiliza a menudo para la conservación del pescado, el jamón y las salchichas. El humo se obtiene por la combustión de madera, con una aportación limitada de aire. En este caso, parte de la acción preservadora se debe a agentes bactericidas presentes en el humo, como el metanal y la creosota, así como por la deshidratación que se produce durante el proceso. El ahumado suele tener como finalidad dar sabor al producto, además de conservarlo. El azúcar uno de los principales ingredientes de las mermeladas y las jaleas, es otro agente conservador. Para que el método sea eficaz, el contenido total de azúcar debe ser al menos de un 65% del peso total del producto final. El azúcar, que actúa de un modo muy similar al de la sal, inhibe el crecimiento bacteriano una vez calentado el producto. Debido a su elevado grado de acidez, el vinagre (ácido acético) actúa como conservante en los encurtidos y otros productos calentados con antelación. La fermentación producida por ciertas bacterias que generan ácido láctico es la base de la conservación del chucrut o col fermentada y las salchichas fermentadas. El benzoato de sodio, cuya concentración no puede exceder el 0,1%, se usa en productos derivados de la fruta para protegerlos contra las levaduras y los mohos. El dióxido de azufre, otro conservante químico, ayuda a mantener el color de los alimentos deshidratados. El propionato de calcio se añade a veces a los productos de repostería y panadería para inhibir el crecimiento de hongos.
  • La conservación de frutas y verduras por un tratamiento anaeróbico inmediato de los alimentos con gases como el dióxido de carbono, el monóxido de carbono y el nitrógeno. También está en estudio el tratamiento de productos envasados esterilizados como la leche.

Debido a la creciente preocupación por el uso de productos químicos que pueden ser tóxicos, podrían utilizarse radiaciones ionizantes en su lugar. La irradiación retarda la maduración de la fruta y la verdura, inhibe la germinación en bulbos y tubérculos, desinfecta el grano, los cereales, las frutas frescas y secas, y elimina los insectos de las verduras; también destruye las bacterias en la carne fresca. No obstante, la preocupación del público acerca de la seguridad de la radiación ha limitado su uso a gran escala.

5. Cómo elegir los envases

Existen frascos de diversos tipos, materiales, tamaños y formas; lo ideal es seleccionarlos en función de la conserva que se va a realizar.

Elija de preferencia envases de bocas grandes para facilitar su limpieza y llenado. Además, aconsejamos que distribuya un mismo producto en varios frascos pequeños (en lugar de uno grande) para que pueda ser consumido gradualmente. Esta medida preserva el buen estado de nuestras conservas caseras.

La importancia de las tapas

Las tapas de las conservas protegen los alimentos de los efectos nocivos del medio ambiente. Por lo tanto, no subestime su función.

Hay dos variedades de tapas:

  • Tapas de metal a rosca: no pueden ser reutilizadas, ya que sus películas plásticas que hacen de sello se dañan con el calor.
  • Tapas a presión con aros de goma: se cierran con presillas metálicas. Los frascos que poseen este tipo de tapas son reutilizables, siempre y cuando los aros de goma estén en perfecto estado. Recuerde que las tapas a presión deben higienizarse con agua hirviendo antes de ser reutilizadas.

Una vez abierto un frasco, la durabilidad depende del tipo de conserva; por esta razón, es conveniente el uso de varios recipientes como comentamos anteriormente.

6. Medidas de higiene

Algunas medidas sugeridas en el proceso de conservación son las siguientes:

  • Lave muy bien las verduras y frutas. No utilice detergentes ni desinfectantes que destruyan la flora microbiana.
  • Mantenga una escrupulosa higiene a la hora de manipular los alimentos: manos, ropa, pelo, utensilios, etc.
  • Antes del envasado, asegure la eliminación de posibles gérmenes sometiendo a los vegetales a una cocción previa o escaldado durante 5 minutos.
  • Esterilice los utensilios básicos (coladores, embudos, tenacillas, botes…) hirviéndolos en agua durante 15 minutos. Saque los tarros sujetándolos por el cuello.

7. Recipientes y otros útiles

Utilice ollas, cacerolas y cazos de acero inoxidable, cristal o porcelana. Evite materiales reactivos como el aluminio.

No emplee cedazos de metal con la fruta ácida. Pueden afectar al color y al sabor de la conserva.

Evite el uso de materiales artificiales para filtrar y secar la fruta: son preferibles los naturales, como la muselina sin blanquear, la estopilla o el cálico, que no alteran el sabor ni la calidad de la conserva.

Use tarros de boca ancha, con bordes gruesos que resistan bien las altas temperaturas (100-114º). Los más aconsejables son los que tienen un anillo de goma o una tapa de vidrio o de metal sujeta al tarro por algún tipo de muelle o de clip sujetador. Asegúrese de que el cristal no está desconchado.

Si reutiliza tarros ya usados, asegúrese de que las juntas o gomas de las tapas siguen en perfecto estado. Reemplace las tapas de metal si la capa de laca interior está desgastada o dañada. La laca protege a las tapas de los ácidos de la fruta.

8. Receta de melocotón en almíbar

Ingredientes:

  • 1 kg de melocotones
  • 500 gr de azúcar
  • 1 l de agua

Elaboración

  1. Pela los melocotones, córtalos por la mitad y quítales el hueso. Ponlos en una cazuela y reserva.
  2. Pon a calentar el agua con el azúcar y cuando rompa a hervir, viértelo sobre los melocotones. Deja reposar 3 horas.
  3. Introduce los melocotones escurridos en los botes y pon a hervir de nuevo el almíbar durante 3 minutos. Después, viértelo sobre los melocotones, dentro de los botes.
  4. Tapa los botes y mételos en una cazuela con agua hirviendo durante 30 minutos para esterilizarlos. Pon un paño en el fondo de la cazuela para que no se rompan.

9. Receta conserva de pescado

  1. Se le quitan al pescado la cabeza y las aletas, se saca la espina central dejando limpios los filetes. Se quita también la parte oscura del mismo, pues si no amarga luego.
  2. Luego se escalda en agua hirviendo con sal. Solo un minuto. Se saca, se quita la piel y filetea y se coloca en tarros de cristal.
  3. Añadiremos unos granos de pimienta y una hojita de laurel. Luego se rellenan de aceite de oliva, se tapan los tarros y se coloca un paño en el fondo de la cazuela para que no se rompan al hervir.
  4. A continuación se le añade el agua fría hasta que tape los tarros por completo. Se hierven veinte minutos.
  5. Se dejan enfriar y se sacan. El aceite que contienen se usa luego para ensaladas.

10. Receta de conserva de frutas

Ingredientes:

  • 1 kilo de fruta de la estación; pueden ser manzanas, duraznos, peras, guayabas, piña, fresa, mangos, higos, zarzamoras, etc. (No use cítricos ya que estos se elaboran mediante otro procedimiento).
  • 1 kilo de azúcar.
  • 100 gramos de pectina (en las frutas con hueso, junte los huesos en un saquito de manta de cielo y cocínelos junto con la fruta, retírelos al envasar).

Preparación:

Se pela la fruta y se pica finamente, se coloca en una olla de peltre junto con el azúcar y la pectina (o el saquito de huesos) se mezcla y se deja hervir por 30 minutos hasta que reduzca, no deje de mezclar cuando hierve para evitar que se pegue al fondo de la olla, es importante que mezcle con una palita de madera y girando hacia ambos sentidos de la olla y el centro.

Envasado:

Hierva los frascos y las tapas de boca ancha por 10 minutos; las tapas que deben tener sello de seguridad se hierven por tres minutos, se sacan los frascos y se colocan en un paño, una vez tibia la mermelada se envasa y se cierra el frasco volteándolo para que haga vació. Se dejan reposar toda la noche se etiquetan con la fecha de elaboración, bien cerrados sin abrirse pueden durar hasta seis meses, una vez abiertos deben conservarse en refrigeración.

Recurso didáctico de apoyo