Literatura de preparatoria

El género narrativo

Género narrativo

Las narraciones son actos comunicativos que suponen la existencia de un emisor (escritor, autor), un receptor (lector) y, entre ambos, un mensaje que, al codificarse, completa el circuito comunicativo. La obra literaria (impresa bajo la forma de libro o en formato electrónico o digital) es el vehículo de los mensajes.

En el texto narrativo, la comunicación se da de dos formas: externa e interna. En la comunicación externa, el autor escribe un relato que va dirigido hacia el lector dentro de un contexto determinado. En la comunicación interna, el narrador se encarga de contar una historia a través de hechos organizados de manera particular al narratario, quien es el receptor dentro del texto narrativo.

Quizá alguna vez hayas escuchado decir que “el hombre es puro cuento”, y no precisamente sea porque engañe, sino porque le encanta narrar sucesos. El hombre narra historias con varios fines: para divertir, compartir conocimientos o simplemente hablar de lo que sucedió en el día. En la Antigüedad, muchas historias fueron transmitidas de boca en boca, y en ocasiones, por esta tradición oral, impidió que se conociera a los autores o que se tuviera seguridad sobre la veracidad de los hechos.

En el campo de la Literatura, narrar significa dar cuenta de uno o varios acontecimientos; por lo cual, el género narrativo se caracteriza por relatar hechos que les suceden a uno o varios personajes, en un espacio o tiempo determinados.

El origen del género narrativo se encuentra en la épica, y las manifestaciones literarias más antiguas corresponden a la poesía épica, que consistía en la narración, mediante poemas, hazañas o aventuras heroicas de los personajes.

Los textos narrativos

Un texto narrativo es una forma de expresión en la que se cuentan hechos o historias ocurridos a personas, animales, cosas u objetos, en un determinado tiempo y espacio. Los textos narrativos pueden ser reales, ficticios o combinados, pueden involucrar a personajes o hechos imaginarios, o hacer referencia a personajes o situaciones reales que son creados a través del lenguaje, es decir, estas historias finalmente “existen” en el mundo narrativo.

Subgéneros menores

A continuación estudiarás los subgéneros menores y mayores que conforman el género narrativo. La diferencia entre ambos radica en que los primeros tienen un desarrollo limitado y un carácter popular; por su parte, los mayores presentan un desarrollo más amplio y elaborado, debido a que son los que más se cultivan hoy en día.

La fábula

La fábula es una narración breve, concisa y ficticia en donde los personajes pueden ser personas, animales o seres inanimados, que conlleva una intención moralizante. A través de sus acciones se reprueba o enaltece la conducta de los hombres para ejemplo de los demás. Inicialmente, las fábulas eran escritas en verso, en la actualidad se escriben en prosa. Parte importante dentro de la fábula es la moraleja, cuyo propósito siempre es dejar una enseñanza (conclusión de la fábula). Por esta razón se le considera un género didáctico.

Veamos un ejemplo:

La zorra, el oso y el león

Habiendo encontrado un león y un oso al mismo tiempo a un cervatillo, se retaron en combate a ver cuál de los dos se
quedaba con la presa.

Una zorra que por allí pasaba, viéndolos extenuados por la lucha y con el cervatillo al medio, se apoderó de éste y corrió pasando tranquilamente entre ellos.

Y tanto el oso como el león, agotados y sin fuerzas para levantarse, murmuraron:

– ¡Desdichados nosotros! ¡Tanto esfuerzo y tanta lucha hicimos para que todo
quedara para la zorra!
Por empeñarnos en no querer compartir, podemos perderlo todo.

Esopo, La zorra, el oso y el león,
disponible en http://www.edyd.com/Fabulas/Esopo/E30ZorraOsoLeon.htm
Consultado el 15 marzo de 2014

Recuerda que la actividad anterior presenta sólo un ejemplo de fábula, ya que habrá otras que tengan diferentes características propias de este subgénero narrativo, por ejemplo: incluir personajes humanos o seres inanimados en lugar de animales o utilizar el verso en lugar de prosa.

Leyenda o mito

El mito es una narración sagrada, situada fuera del tiempo histórico, en donde intervienen fuerzas naturales representadas por deidades. Sus protagonistas son dioses o seres sobrenaturales.

Los mitos son relatos que han sido creados en todos los pueblos desde tiempos inmemorables, por eso es que tienen una simbología muy profunda para una cultura.

La leyenda es un relato colectivo, considerado como la expresión misma de la cultura y el espíritu de un pueblo, en el que lo maravilloso y lo extraordinario predomina sobre lo histórico y verdadero. Se transmite de forma oral de una generación a otra sufriendo modificaciones, agregados, supresiones o adaptaciones locales que se acumulan con el tiempo.

La epopeya

Ahora estudiaremos el último subgénero menor llamado epopeya. ¿Has escuchado hablar de La Ilíada y La Odisea de Homero? ¿O La Eneida de Virgilio? ¿Has visto o escuchado sobre las películas Troya, Gladiador o Alejandro Magno?

Podemos decir, que las obras mencionadas son epopeyas y muchas de las películas con tintes épicos están basadas en ellas, pero ¿cómo podemos definir este subgénero?

La epopeya es un relato de gran extensión, generalmente escrito en verso largo o prosa, en el que se conjugan acontecimientos históricos de importancia nacional o universal. Estas historias describen batallas y otras modalidades de combate entre hombres, dioses y se- res sobrenaturales. Es histórica y legendaria, incluso algunos pasajes están basados en hechos reales. Sus protagonistas son héroes superiores que representan las altas virtudes y, aunque existieron, posteriormente se les atribuyeron características divinas.

A menudo describe acciones que poseen poderes sobrenaturales en las que intervienen dioses y divinidades, por lo que presenta situaciones fantásticas justificadas.

La epopeya, en Grecia, representó la forma en la que se manifestaban sus costumbres, creencias y sentimientos; y que generalmente, mostraban grandes heroísmos.

Subgéneros mayores

Vamos a revisar ahora los subgéneros mayores de la narrativa que son el cuento y la novela.

Cuento

El cuento es una narración breve y concisa escrita en prosa, donde se relatan hechos imaginarios (que pueden considerar aspectos de la realidad). Presenta un argumento sencillo, por lo que los ambientes y los personajes son escasos y rara vez descritos. Generalmente aborda un solo tema, presenta un clímax y un desenlace rápidos.

Novela

La novela es una narración extensa, escrita en prosa, que presenta situaciones reales o ficticias. Tiene la intervención de muchos personajes que son estudiados y descritos detenidamente. A diferencia del cuento, tiene un desarrollo más completo en cuanto al argumento, por lo que adquiere un carácter complejo y ramificado en el que interviene más de una intriga , lo cual puede derivar en varios clímax antes del desenlace. La presencia de varios personajes y el abordaje de varios temas importantes, producen diferentes efectos en el lector, a quien se le exige que atienda y contribuya en la construcción de significados de las acciones que se desarrollan.

Estructura de la narración

Como se mencionó, un texto narrativo consiste en el relato de hechos o historias que ocurren a personas, animales, cosas u objetos en un determinado tiempo y espacio.

En cuanto a su estructura, los textos narrativos incluyen diversos elementos que permiten presentar los acontecimientos relatados. El primero consiste en la presencia de un narrador, que es quien se encarga de contar los hechos sucedidos, y que no debe confundirse con el autor. El argumento permite hacer un resumen de las acciones y expresar de qué trata el relato; éste se forma por el tema: que determina el asunto general de la obra, y la trama: que permite identificar los distintos momentos en que se desarrollan las acciones. Los personajes son los seres que participan en los hechos narrados y que pueden ser personas, animales u objetos. El marco espacio-temporal permite determinar el lugar, real o imaginario, y el momento en el que ocurre la historia. Por su parte, el contexto permite conocer el entorno en el que se desarrollan los acontecimientos con base en las circunstancias sociales, políticas, económicas, etc. que rodean a la obra.

Ejemplo:

El hombre bicentenario (Fragmento)

Las Tres Leyes de la robótica:

  1. Un robot no debe causar daño a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño alguno.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes impartidas por los seres humanos, excepto cuando dichas órdenes estén reñidas con la Primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia, mientras dicha protección no esté reñida ni con la Primera ni con la Segunda Ley.

—Gracias —dijo Andrew Martin, aceptando el asiento que le ofrecían. Su sem- blante no delataba a una persona acorralada, pero eso era.

En realidad su semblante no delataba nada, pues no dejaba ver otra expresión que la tristeza de los ojos. Tenía el cabello lacio, castaño claro y fino, y no ha- bía vello en su rostro. Parecía recién afeitado. Vestía anticuadas, pero pulcras ropas de color rojo aterciopelado.

Al otro lado del escritorio estaba el cirujano, y la placa del escrito incluía una serie indentificatoria de letras y números, pero Andrew no se molestó en leerla. Bastaría con llamarle “doctor”.

—¿Cuándo se puede realizar la operación doctor? —preguntó.

El cirujano murmuró, con esa inalienable nota de respeto que un robot siempre usaba ante un ser humano:

—No estoy seguro de entender cómo o en quién debe realizarse esa operación, señor.

El rostro del cirujano habría revelado cierta respetuosa intransigencia si tal expresión —o cualquier otra— hubiera sido posible en el acero inoxidable con un ligero tono de bronce.

Andrew Martin estudió la mano derecha del robot, la mano quirúrgica, que descansaba en el escritorio. Los largos dedos estaban artísticamente modelados en curvas metálicas tan gráciles y apropiadas que era fácil imaginarlas empuñando un escalpelo que momentáneamente se transformaría en parte de los propios dedos.

En su trabajo no habría vacilaciones, tropiezos, temblores ni errores. Eso iba unido a la especialización tan deseada por la humanidad que pocos robots poseían ya un cerebro independiente. Claro que un cirujano necesita cerebro, pero éste estaba tan limitado en su capacidad que no reconocía a Andrew. Tal vez nunca le hubiera oído nombrar.

—¿Alguna vez ha pensado que le gustaría ser un hombre? —le preguntó Andrew.

El cirujano dudó un momento, como si la pregunta no encajara en sus sendas positrónicas.

—Pero yo soy un robot, señor.

—¿No sería preferible ser un hombre?

—Sería preferible ser mejor cirujano. No podría serlo si fuera hombre, sólo si fuese un robot más avanzado. Me gustaría ser un robot más avanzado.

—¿No le ofende que yo pueda darle órdenes, que yo pueda hacerle poner de pie, sentarse, moverse a derecha e izquierda, con sólo decirlo?

—Es mi placer agradarle. Si sus órdenes interfiriesen en mi funcionamiento respecto de usted o de cualquier otro ser humano, no le obedecería. La primera Ley, concerniente a mi deber para con la seguridad humana, tendría prioridad sobre la Segunda Ley, la referente a la obediencia. De no ser así, la obediencia es un placer para mí… Pero, ¿a quién debo operar?

—A mí.

—Imposible. Es una operación evidentemente dañina.

—Eso no importa —dijo Andrew con calma.

—No debo infligir daño —objetó el cirujano.

—A un ser humano no, pero yo también soy un robot.

Isaac Asimov, El hombre bicentenario, disponible en http://www.fidena.edu.mx/ biblioteca/Ficcion/IsaacAsimov/IsaacAsimovElHombreBicentenario.pdf consultado el 28 de febrero de 2014.

Narrador

Es la voz que cuenta y relata los sucesos. La voz enunciativa que utiliza el escritor: primera, segunda o tercera persona, permite identificar al tipo de narrador: autodiegético, intradiegético, extradiegético y metadiegético.

Tipos de narrador

¿Quién habla? Muy a menudo se tiene la idea de que el narrador es el mismo escritor, pero en realidad los hechos que ocurren en un relato son transmitidos por una voz a la que llamamos narrador.

Óscar de la Borbolla (2002), en su Manual de creación literaria, nos explica cómo se emplean las voces narrativas en un relato:

Uno de los rasgos que mejor distingue a la narrativa contemporánea de lo escrito en el pasado es la variedad de voces y distancias desde la que aborda la materia narrativa. Ahora, no sólo se cuenta en tercera y primera personas, sino también en segunda, y el narrador puede ser autodiegético, intradiegético, extradiegético y metadiegético según la distancia a la que se encuentre de lo narrado.

El narrador autodiegético es aquel que cuenta su propia historia; normalmente escribe en primera persona (yo) y, para que la historia sea consistente con la perspectiva adoptada, queda de manifiesto que el narrador tiene una conciencia parcial de los hechos.

El narrador intradiegético cuenta desde dentro de la historia, como testigo o personaje secundario, la vida del grupo de personajes a los que pertenece.

Aquí la persona adoptada puede ser la primera, la segunda o la tercera.

El narrador extradiegético es ajeno a la historia y habla desde el limbo, como si fuese un Dios. Este narrador es el que mejor se presta a la tercera persona, pues, por lo general, puede pasear por los recovecos más secretos de los personajes, estar enterado de todo el conflicto que los une, y por ello es, también por regla general, el tradicional narrador omnisciente.

A continuación realizamos una adaptación del fragmento del cuento Espejo de Harold Kremer para ejemplificar la relación de participación del sujeto de la enunciación narrativa, en el contenido del relato.

Cuando usted sale de su casa obsesionado con la idea de comprarse un espejo, se puede decir que ha dado por vez primera un gran paso en su vida. Pero si además de dicha decisión descubre que no desea un espejo cualquiera, sino uno especial que se adapte a su temperamento, su carácter y su figura, se podría decir que usted sabe lo que quiere en la vida.

En cuanto al narrador metadiegético, Óscar de la Borbolla (2002) comenta:

Finalmente, uno de los recursos que ha hecho una verdadera eclosión en nuestro tiempo es el narrador metadiegético, puesto que la explotación de este recurso ha llegado a su máxima dimensión en la actualidad. El narrador metadiegético permite dos posibilidades: una simple, cuando desde un plano de ficción se pasa a otro, como ocurre en los cuentos que integran el libro de Las mil y una noches. La otra variante, que al parecer es la más llamativa, es cuando los personajes de un plano de ficción son alcanzados por los personajes del otro plano de ficción.

Aunque existen numerosos ejemplos dentro de la Literatura, como la novela Niebla de Miguel de Unamuno o La historia interminable de Michel Ende, el ejemplo que más suele mencionarse es el cuento de Julio Cortázar, Continuidad de los parques.

Continuidad de los parques

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgen- tes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lenta- mente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

Cortázar, J. “Continuidad de los parques”, disponible en http://www.ciudadseva.com/textos/ cuentos/esp/cortazar/continuidad_de_los_parques.htm consultado el 15 de abril de 2014.

Ordenación de los hechos

En un relato, la estructura está planteada en ciertas circunstancias de tiempo y espacio que la contextualizan: los llamados sucesos. La suma de sucesos genera la unidad llamada episodio, y la relación de varios episodios da lugar a lo que se conoce como la trama.

Del latín trama, el término se refiere a la acción de tramar (atravesar los hilos), y en Literatura, al “enredo” que se genera en la sucesión de acontecimientos narrados.

Un texto narrativo, en cuanto a su estructura, está compuesto por los siguientes elementos: planteamiento, desarrollo y desenlace, los cuales conforman la trama.

  • Planteamiento. Es el comienzo del relato, en el que se presenta a los personajes y se enmarca el espacio y tiempo en el que suceden los hechos.
  • Desarrollo. Es la parte en que se desarrollan los hechos presentados en el planteamiento. Aquí se localiza el nudo, que es donde las acciones se complican, es decir, en donde se desarrolla el conflicto; y el clímax, que es el punto de mayor tensión en la historia y, por lo tanto, el más interesante.
  • Desenlace. Es el momento en el que se resuelve el conflicto y se da pie al final de la historia.

Personajes

Por último, en la narración intervienen distintos personajes que permiten dar vida a los acontecimientos. Estos se clasifican de acuerdo a su importancia en: protagonista, antagonista, secundarios e incidentales.

Observa el siguiente esquema:

Fuente: Secretaría de Educación Pública. (2015). Literatura I. Ciudad de México.