Literatura de preparatoria

Diferencias entre la leyenda y el mito

El mito y la leyenda

¿Alguna vez te has preguntado cuál es el origen del mundo o cómo será el fin de éste? O bien, ¿qué hay después de la muerte?

Este tipo de preguntas se las han hecho los hombres de distintas culturas a lo largo de la historia, y cada pueblo ha tratado de dar respuesta a ellas, creando de esta forma sus propias versiones y constituyendo un conjunto de mitos y leyendas que han resistido el paso del tiempo porque se transmitieron de generación en generación por medio de la tradición oral.

El mito y la leyenda, son subgéneros que suelen considerarse muy similares, sin embargo, es posible establecer una diferencia entre ambos.

El mito es una narración que guarda una estrecha relación con aspectos sagrados o religiosos y que se basa en hechos extraordinarios protagonizados por dioses o seres sobrenaturales.

Por otra parte, la leyenda es un relato en el que intervienen numerosos elementos fantásticos o maravillosos, y que puede tener su origen o estar relacionada con algún elemento histórico o verdadero. Es una creación de carácter colectivo, y habitualmente se transmite de generación en generación, principalmente de forma oral; y con el tiempo se le integran añadidos o modificaciones que hacen que existan diversas versiones sobre ella.

Origen y desarrollo del mito y la leyenda

Imagina que eres uno de los primeros pobladores de la Tierra, y que junto con otros hombres y mujeres habitas un mundo en el que experimentas diversas situaciones sin tener una explicación de ellas: el cielo es claro y de repente se oscurece; hay días en que del cielo cae agua, nieve o rayos; hay criaturas muy diferentes a ti: más grandes, más pequeñas o peludas; algunas personas nacen y otras mueren sin saber de dónde vienen o a dónde irán.

Tanto tú como tus compañeros tienen la necesidad de saber por qué ocurren algunos sucesos, quién o qué los causa y cómo sería posible controlar los acontecimientos desagradables y que los agradables sucedan con más frecuencia. Con el fin de obtener algunas respuestas, hacen hipótesis sobre los hechos, sin poder garantizar su veracidad, pero poco a poco el grupo las va aceptando como verdaderas y empiezan a ser propagadas entre otros grupos cercanos.

Precisamente, el mito nace a partir de las interrogantes que los seres humanos han tenido a lo largo de la historia y tratar de dar respuesta a las distintas situaciones a las que se enfrentan.

En cuanto a la leyenda, ésta tiene un origen muy cercano al mito, ya que surge de la necesidad de los grupos humanos de dar a conocer lo que acontecía en la vida de los pueblos y las comunidades, por lo que comienzan a surgir historias que narran tradiciones, valores, creencias, hazañas de personajes de la época, entre otras.

Estas narraciones se repetían una y otra vez de manera oral, dando como resultado que al hecho que había originado la historia, se le agregaran o suprimieran elementos, modificando o alterando el relato con el transcurso del tiempo.

Época antigua: Mesopotamia, Egipto, India, China y Japón.

Para las antiguas civilizaciones, la religión ocupaba un lugar muy importante, por lo que la mayor parte de su mitología se relaciona con divinidades y temas sagrados. Los temas más recurrentes se relacionan con la explicación del origen del mundo, de los dioses, las relaciones entre dioses y hombres, la vida en el más allá, entre otros. Algunos de los mitos de las civilizaciones del Medio Oriente tienen coincidencia, como lo es en el caso del relato de la creación del hombre y la inundación universal.

Época clásica: Grecia y Roma

En la época clásica, en Grecia y Roma se crearon innumerables mitos con los que podían explicar el universo y el origen de los seres que lo habitaban. Los protagonistas eran dioses o fuerzas naturales personificadas y estos formaban parte de su sistema religioso.

Época medieval

Durante la Edad Media, existieron numerosas leyendas basadas en creencias y devociones populares, donde la superstición y lo fantástico eran considerados, incluso, como reales. En esa época, muchas leyendas giraban en torno a castillos, princesas y valientes caballeros y, por otra parte, sobre dragones, brujas y monstruos. Entre las más bellas leyendas de la época destaca la del Rey Arturo.

Los mitos y leyendas en México

México se caracteriza por ser un país rico en historias y relatos, algunos de los cuales provienen, incluso, desde la época prehispánica. ¿Quién no recuerda la leyenda de La llorona o de la fundación de Tenochtitlan: el lugar en el que se encontraba un águila sobre un nopal devorando una serpiente?

Al igual que en otras civilizaciones, los grupos prehispánicos de México tuvieron la necesidad de explicarse el mundo que los rodeaba. A partir de esto, crearon dioses y seres sobrenaturales que los ayudaban a dar respuesta a todo lo que ignoraban: la explicación de la existencia del mundo, del origen de la vida, de los fenómenos naturales, entre otros. Debido a esto, la mayor parte de la mitología prehispánica cuenta el origen y las hazañas de los dioses.

Con la llegada de los españoles, durante la época colonial se dieron grandes cambios: se propagó la religión católica, se impuso un nuevo idioma, se implantaron nuevas normas morales, se estableció una forma distinta de organización social. Todas estas situaciones tuvieron influencia en las creencias e historias propagadas entre la población. Algunos de los temas más recurrentes eran los aparecidos o fantasmas, las almas en pena, las apariciones diabólicas, las personas castigadas por cometer actos indebidos o crímenes, los amantes que mueren por defender su amor, entre otros.

Todos estos mitos y leyendas han llegado hasta nuestros días como resultado de la tradición oral, y aunque actualmente sabemos que esas historias se basan en hechos fantásticos o maravillosos, siguen creando interés y fascinación en la gente, e incluso “ponen la piel de gallina” en algunas ocasiones.

Características y diferencias estructurales entre el mito y la leyenda

El mito y la leyenda tienen similitudes en cuanto a su estructura, ya que en ambos casos se recurre a la estructura tradicional del relato, la cual se observa en el siguiente esquema:

Por otra parte, entre el mito y la leyenda existen diferencias en cuanto al tema, los personajes y el tiempo-espacio; mientras que el narrador, en ambos géneros, tiende a ser extradiegético, debido a que es ajeno a la historia y tiene dominio de todo lo que sucede en ella.

Estas similitudes y diferencias se pueden observar en el siguiente visualizador gráfico:

Puedes observar las similitudes y diferencias entre el mito y la leyenda en el siguiente ejemplo:

Leexu, gueeu: guenda
Mito zapoteca

Cuando el sol y la luna eran hermanos huérfanos, en sus aventuras para encontrar un rincón dónde trabajar y poder comer y dormir, se encontraron con un amo malvado que los hacía trabajar demasiado y cuando ya no quiso darles más de comer, los despidió.

De este modo llegaron a un país en el que reinaba un enano, menudo de cuerpo pero de gran corazón, que los recibió con chocolate, tamales y manzanas.

Un día, los dos hermanos salieron a pasear por la pradera y tomados de las manos galoparon. La luna vio un conejo echado en un matorral y le invadió la tentación de adueñarse del animal sin comentarle al hermano. Víctima de su egoísmo se desprendió del sol y se fue quedando atrás. Al pasar por el matorral atrapó al conejo y lo escondió en su seno.

Desde entonces la luna no ha podido alcanzar a su hermano el sol en las praderas del cielo. Apenas puede mitigar su dolor acariciando al conejo que la acompaña.

Toledo, Francisco, Leexu, gueeu: guenda, disponible en http://www.redalyc.org/pdf/712/71206005.pdf consultado el 23 de mayo de 2014.

Es importante que consideres, que en algunos casos en los que el texto es de corta extensión ─como en el ejemplo anterior─ todo el desarrollo corresponde a la ruptura de equilibrio. Y en el siguiente ejemplo, la leyenda de Isis y Osiris, identificarás la diferencia entre estos dos elementos, observando que el texto correspondiente a la ruptura de equilibrio, se encuentra subrayado.

Características y diferencias lingüísticas entre el mito y la leyenda

Dentro de las diferencias lingüísticas entre el mito y la leyenda, se encuentra que, en el mito, se utiliza un lenguaje más elaborado, debido a que este subgénero se desarrolló principalmente en las épocas antigua y clásica; por su parte, la leyenda incorpora un lenguaje popular debido a su origen colectivo y a su propagación por medio de la tradición oral.

En el mito y la leyenda, al igual que en los subgéneros vistos con anterioridad, se utilizan las figuras retóricas para dar un carácter más estético al texto.

El mito

El símbolo y la imagen son las figuras retóricas que se utilizan con mayor frecuencia en el mito. El símbolo consiste en utilizar un término real para referirse a algo imaginario o simplemente evocar otra realidad.

Sabías que …

La pintura mitoló- gica es un género pictórico que toma como base la representación de personajes o escenas de la mitología. Las referencias a la mitolo- gía clásica (grecorromana) son las más comunes.

En el caso de la imagen, el autor utiliza palabras y frases para que el lector pueda formar imágenes mentales y sensoriales que le ayuden a experimentar los hechos de una forma más realista o que le permitan representar ideas abstractas.

Observa el siguiente ejemplo:

El mito de Cupido y Psique

Érase una vez un rey y una reina que tenían tres hijas, de las cuales la menor, llamada Psique, era la más inteligente y bella. Tantas eran sus virtudes que despertó los celos de Venus, la diosa del amor y la belleza, quien decidió mandar a su hijo Cupido a herirla con una de sus flechas, para que se enamorara del peor monstruo de la tierra.

Cuando se disponía a cumplir la orden, Cupido se pinchó accidentalmente con una de sus flechas y al instante quedó perdidamente enamorado de Psique. Tan grande era su pasión que decidió pedir ayuda a Apolo, el dios de la luz y la verdad, para ganar su amor, quien hizo desaparecer de inmediato a todos los demás pretendientes.

El rey, intrigado por esta situación, también pidió consejo al dios Apolo, quien le recomendó que la llevara a la cumbre de una montaña para que un dios la desposara.

Como no era bueno contrariar a los dioses, a pesar del dolor por tener que separarse de su hija, los padres cumplieron con su mandato.

El rapto de Psique, de William-Adolphe Bouguereau, 1895.

Cuando Psique se quedó sola, lloró desconsoladamente hasta quedarse dormida. Cuando despertó, se encontró recostada sobre una alfombra de hierba fresca, en el jardín de un magnífico palacio, escuchando una voz que le decía que ese palacio era suyo y que podía disponer de todo lo que había.

Sin saberlo se había convertido en la amada esposa de Cupido, quien sólo la visitaría por las noches, para que Psique jamás pudiera ver su rostro, porque deseaba ser querido como un hombre y no como un dios.

Si alguna vez su curiosidad la vencía, ambos se separarían para siempre, porque donde hay amor no debe existir la desconfianza.

Pero como Psique se aburría durante el día, quiso que vinieran sus hermanas a visitarla, deseo que su esposo le concedió, aun sospechando que no sería una feliz decisión.

El rapto de Psique, de William-Adolphe Bouguereau, 1895.

Al ver la felicidad y la opulencia en que vivía Psique se apoderó de ellas la envidia y decidieron urdir un plan para arruinarle la vida.

Apelando al hecho que Psique nunca había visto a su marido, sus hermanas le llenaron la cabeza de dudas y recelos, forzándola a descubrir su rostro mientras dormía y a llevar un cuchillo por las dudas.

Fue así como una noche Psique se atrevió a iluminar su semblante con una lámpara, quedando maravillada por la gracia y belleza de Cupido, que al ver la luz se despertó, decidiendo marcharse, por no haberse respetado su condición.

En su desesperación, Psique pidió ayuda a los dioses, quienes le dijeron que tendría que pedirle perdón a Venus, la madre de Cupido, a quien sin saberlo había ofendido. Venus la despreció, sin embargo le dio una oportunidad; tendría que pasar tres duras pruebas, que eran más que imposibles de realizar, pero que Psique logró cumplir con la ayuda de la naturaleza, que la quiso ayudar.

Venus la acusó de hechicera; y deseando vencerla, la sometió a una última prueba aún más difícil. Debería bajar al Averno y llenar un cofre con una parte de la belleza de Proserpina, deidad de vida, muerte y resurrección y base de un mito de la primavera. Sabiendo que eso era más que imposible, Psique decidió suicidarse arrojándose desde lo alto de una torre. Pero antes de caer al vacío escuchó una voz que le prometió guiarla durante su travesía; pero con la condición que una vez que se llenara el cofre con la belleza de Proserpina no debería abrirlo jamás.

Psique hizo todo lo que le aconsejó la extraña voz, pero un deseo vehemente de curiosidad la obligó a abrir el cofre.

Cuando la caja se abrió, un sueño mortal la invadió y se desplomó sobre el camino como fulminada por un rayo.

Cupido, que la había estado buscando, la encontró, pudo volver a encerrar el sueño en el cofre y después la despertó con un beso.

La alzó con suavidad y levantó al vuelo llevándola con él hasta el monte del Olimpo, donde Júpiter, dios del firmamento los unió oficialmente en matrimonio para siempre.

El mito de Cupido y Psique, disponible en http://www.filosofia.laguia2000.com/general/
el-mito-de-cupido-y-psique, consultado el 26 de mayo de 2014.

En este mito, Cupido simboliza el amor intenso, mientras que Psique simboliza el alma humana, preparada para disfrutar del amor y la felicidad eterna. Ambos simbolizan el amor ideal. La mariposa es el símbolo para representar el alma, es por eso que en la ilustración se puede observar a Psique con alas de mariposa.

En el caso de las imágenes (figuras retóricas), las frases señaladas con color azul permiten que el lector haga una recreación mental y sensorial para que experimente el hecho de una forma más real, mientras que la frase señalada con color morado hace referencia a la representación de una idea abstracta.

La leyenda

En la leyenda, las figuras retóricas más utilizadas son la hipérbole, el epíteto y la comparación, debido a que al hablar de hechos fantásticos o maravillosos se recurre a elementos que permitan engrandecerlos y dar una apariencia más allá de lo normal, de modo que se dé una mayor fuerza a la expresión y puedan impresionar a la gente que los escucha. Vamos a ver a qué se refiere.

Observa, en los fragmentos de la leyenda Nala y Damayanti, el uso de las figuras retóricas:

(Fragmento 1)

Virasena, que reinó en el país de los Nisadas, dejó dos hijos al morir. El mayor, Nala, era más hermoso que el mismo Indra, rey de los dioses. Cuando atravesaba la ciudad, al frente de sus ejércitos, parecía el sol en toda su gloria. Era valiente y piadoso, conocía los sagrados Vedas y protegía a los brahmanes.

Su hermano Puskara era enteco y envidioso. Le gustaba vivir en la sombra, y jamás se mezclaba con el pueblo. Nadie sabría decir si era valiente o cobarde, porque nunca se le vio en los juegos ni en la guerra.

Nala se entregaba con placer a la doma de caballos salvajes. Ninguno se le resistía; y a todos los reducía a la rienda y al yugo. Y con ellos vencía en la carrera a los más hábiles conductores de carros. Después de los Consejos, donde trataba los asuntos de su reino, se entretenía algunas veces en jugar a los dados. Y siempre tenía suerte; pero las ganancias del juego las repartía entre los ascetas y los mendigos. Nala no quería otras riquezas que las que se ganan con los brazos y con el corazón.

En el país de los Vidarbas reinaba el magnánimo Bhima. Tenía una sola hija, Damayanti, que era hermosa entre todas las doncellas. Su rostro era más gracioso que la luna creciente y sus ojos más bellos que la flor azul de loto, su voz era tan melodiosa, que al hablar parecía que cantaba. Los viajeros que cruzaban el país de los Vidarbas celebraban por toda la tierra la belleza de Damayanti. El rey Bhima la adoraba, y le dio por doncellas a las más hermosas vírgenes del país.

¡Cuántas veces Damayanti oyó decir a sus doncellas: “Nala es el más hermoso de los reyes!”.

(Fragmento 2)

¿Cuánto tiempo ha errado sola la bella Damayanti por el bosque sin fin? Ha caminado largos días y largas noches por las montañas y por las llanuras; ha visto los antros siniestros donde se guarecen las fieras y los bellos parajes donde cantan los pájaros. Ha atravesado ríos y lagos. Ha sido atacada por las serpientes y los malhechores. El viento y el sol han castigado su carne delicada. Y anda siempre, llamando en voz alta a Nala, que la ha abandonado.

A los tigres pregunta por el hermoso Nala, y los tigres la miran dulcemente sin responderle. Pregunta a los ascetas de la Montaña Sagrada, y los ascetas le responden con palabras de luz:

–Sigue tu camino, bella Damayanti. Sufre y espera. Tú volverás a ver a Nala en toda su gloria. El reinará muchos años sobre la alegría de los pueblos, castigará a los malvados y subirá en su fuerte brazo a los honrados. Y los dioses os bendecirán. Sufre y espera, ¡oh Damayanti!

Y Damayanti sigue su camino. Unos mercaderes la recogen compadecidos de sus ojos de gacela y su belleza castigada de sol. Lleva la caravana gigantescos elefantes ricamente enjaezados y se dirige al reino feliz de los Chedis. En un campo verde acampan, junto a un lago florecido de lotos. Pero a media noche un rebaño de elefantes salvajes viene al lago, y al ver a sus hermanos los elefantes de la caravana convertidos en esclavos los atacan con rabia y aplastan a los mercaderes.

Así la bella Damayanti, mientras no llegue la hora del perdón, llevará la desgracia dondequiera que vaya.

Nala ha seguido su peregrinación, dura y terrible, igual que Damayanti. Largos días y largas noches ha caminado también, y se alimenta de frutas silvestres y raíces, bebiendo sus lágrimas. Un día llega a un bosque donde crepita un gran incendio. De entre las llamas oye salir una voz:

–¿Oh, gran Nala, sálvame, por amor de los dioses!

Nala se mete entre las llamas sin vacilar y salva de la muerte al desdichado. Era un Naga, un duende travieso, encantado en el bosque por la maldición de un asceta al que había interrumpido en sus meditaciones.

–Gracias, gran rey –dijo el Naga–. Tu valor me ha salvado. En prenda de gratitud voy a revelarte el porvenir. Aún sufrirás algún tiempo, ¡oh, Nala!, porque la maldición de un dios te persigue. Pero tus penas alcanzarán su fin; volverás a ver a Damayanti y a tus hijos, y tu reino te será devuelto. Ahora escúchame y obedece: da veinte pasos hacia el río y cava allí un hoyo.

Nala obedeció. Cavó el hoyo y halló un manto rojo de tela grosera.
–Cúbrete con ese manto y mírate en el río.

Al mirarse en el río, Nala dio un grito de espanto. Su rostro estaba cambiado y era de una horrenda fealdad.

–Así irás por el mundo –agregó el Naga–, sin que nadie te pueda reconocer. Serás el más feo de los hombres y desempeñarás, ¡oh rey!, los oficios más humildes. Vete al palacio del rey Rituparna y trabaja allí en los establos, sin acordarte de tu grandeza. No descubras a nadie tu nombre ni tu patria. Cuando encuentres de nuevo a Damayanti serás perdonado. Arroja entonces ese manto rojo y volverás a aparecer en todo tu esplendor. Después, como la bruma de la mañana, el Naga desapareció…

Casona, A. (1991). Flor de leyendas. México: Fernández Editores.

Con color naranja se señala el uso de la hipérbole, que se refiere a palabras o fra- ses que exageran y dan más énfasis a algún aspecto, con la finalidad de hacerlo más notable.

Con color azul se marca el uso del epíteto, que se refiere a adjetivos que resaltan una cualidad o característica natural del nombre al que acompañan, por lo que al no añadir ninguna información complementaria podrían parecer innecesarios.

Con color verde se señala el uso de la comparación, que tiene como fin comparar un término real con uno imaginario que se asemeje en alguna cualidad.

Fuente: Secretaría de Educación Pública. (2015). Literatura I. Ciudad de México.