Literatura de preparatoria

Características de la novela

Origen y desarrollo de la novela

De mayor extensión que el cuento, la novela es un arte moderno; entendida como “un relato en prosa impreso en forma de libro, cuyos diversos elementos constitutivos… por mucho que varíen de una a otra, conforman un género distinto a cualquier tipo de manifestación narrativa existente con anterioridad” (Goytisolo, 2013). Su historia tiene alrededor de cuatro siglos; y es que, aunque el relato existía desde tiempos remotos, no fue sino hasta hace cuatrocientos años que la narración fue cobrando formas distintas, hasta constituirse en la novela. Ésta, en lo fundamental, conserva la estructura del género al que pertenece, la narrativa: que es un acto comunicativo en el que el emisor (autor) envía un mensaje (el texto de la novela) a un lector a través de un mediador interno (narrador), como has visto en los bloques anteriores.

La novela surge de la épica y así se mantiene durante la Antigüedad y en la Edad Media; a esta segunda época pertenecen particularmente las historias de caballerías. Vendría después el Renacimiento, el periodo artístico que dejaría atrás la oscuridad de los siglos VI al XV. Coexisten el idealismo en las narraciones pastoriles y el realismo de la novela picaresca. Pero llegó Miguel de Cervantes que, con El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, fundió magistralmente idealismo y realismo: ésta es la novela por excelencia en la lengua castellana; es la piedra angular del subgénero en su forma moderna en nuestro idioma, en el que como afirma Goytisolo (2013), el relato en prosa deja definitivamente de ser una mera sucesión de actos, hechos y palabras. Cuanto aquí se dice y hace parece cobrar vida propia, arropado por un paisaje circundante y un transcurso temporal acorde con el desarrollo de los acontecimientos.

En general, el origen de la novela moderna se sitúa en el Occidente europeo, cuando se forja la distancia con los textos narrativos clásicos, con una obra que, no obstante su carácter religioso, marcó el inicio de la relación lector-obra con significados diferentes a aquél: la Biblia.

Si Sócrates consideraba que la literatura no podía ser arte porque era una mentira, cuya finalidad era entretener, la traducción de la Biblia a diversas lenguas modernas, parecía confirmar el supuesto del pensador griego. Pero lo que ocurrió fue más allá del deleite: la difusión impresa de los textos sagrados despertó en los lectores “la sensación de proximidad que experimenta el lector ante los hechos relatados, lo familiar que le resulta el comportamiento de sus protagonistas” (Goytisolo, 2013). Eso no ocurría con los relatos clásicos que, no obstante, se reprodujeron de forma reducida, permitieron que una minoría ilustrada influyera en la evolución del pensamiento.

Ese acercamiento lector-relato con los textos bíblicos fue el punto de quiebre de la redefinición de la novela como subgénero. La Real Academia Española recoge dicha condición: la novela es una “obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres”.

La novela es un subgénero reciente. Cronológicamente le antecedieron la literatura griega y romana que tuvieron autores y obras magníficas como Homero con La Ilíada y La Odisea, que subsisten al paso de los siglos. Horacio, del lado romano, con las Odas y las Epístolas; Virgilio, con La Eneida; Séneca con Las troyanas y Medea, entre otros más. Estos pensadores influyeron en los primeros escritores renacentistas y en la redefinición de la novela, que aparecería después de la Edad Media en la que, no obstante que esté definida por lo que se llaman diez siglos de oscurantismo, hubo pensadores y escritores como San Agustín y Dante Alighieri.

  • Renacimiento. Es la época de la contrarreforma, que considera la culminación de la literatura religiosa y patriótica. Marca la ruptura con diez siglos de oscuridad, con una revitalización de las diferentes artes. A partir del siglo XIV, en Italia (particularmente en Florencia) y luego en toda Europa Occidental, entre descubrimientos marítimos y la invención de la imprenta, se da el reencuentro con los clásicos. El Renacimiento perduró hasta el siglo XVIII. En el movimiento renacentista se sitúa el humanismo, que pareció surgir como un reacercamiento cultural y educativo en las universidades italianas a la cultura grecolatina. Tuvo como centro artístico la exaltación del hombre. Entre los autores destacados del Renacimiento está Francois Rabelais.
  • Barroco. Como en otras expresiones del arte (por ejemplo, en la pintura), la novela barroca se caracteriza por cierta exageración y por el pesimismo. Sin embargo, hay grandes obras y creadores de este periodo, como Lope de Vega con El peregrino en su patria, Tirso de Molina con Los cigarrales de Toledo, y Pedro Calderón de la Barca con La vida es sueño.
  • Neoclasicismo. Surgió en el periodo de la Ilustración y se centraba en el culto a la razón. Fueron los tiempos de los enciclopedistas, pero también del acerca- miento a las mayorías. En Francia hubo figuras representativas como Francois Voltaire y Jean-Jacques Rousseau.
  • Romanticismo. Las obras románticas tienen como característica la exaltación de los sentimientos humanos. Se desarrolló de manera significativa en la poesía, pero en prosa también hubo creación. Entre los autores destacados está Víctor Hugo, el autor de Los miserables.
  • Realismo. Fue la respuesta al romanticismo y su origen fue a mediados del siglo XIX. La Revolución Industrial y los abusos cometidos contra los trabajadores, motivaron a los escritores a denunciar, mediante la literatura, lo que ocurría. Entre los principales representantes están el británico Charles Dickens, los franceses Gustavo Flaubert y Honorato de Balzac.
  • Vanguardia. Originado en Europa, este movimiento se caracteriza por una in- tensa búsqueda del espíritu de libertad, la búsqueda de la originalidad y el rechazo a las fórmulas retóricas, señala Celinda Fournier (2002). En la vanguardia confluyen movimientos con diferente perspectiva tales como el surrealismo, el fauvismo, el dadaísmo, el impresionismo y el expresionismo, entre los más conocidos.
  • Contemporaneidad. Está marcado por el término de la Segunda Guerra Mundial y tal vez su característica principal es que se busca reflejar la vida, no sólo en términos contextuales, sino de fondo, como el pensamiento, la preocupación, los sentimientos que mueven al hombre actual. Entre sus representantes, hay una larga lista, con diversos estilos narrativos, pero todos de indudable solidez: Marcel Proust, Jorge Luis Borges, Jean Paul Sartre, Albert Camus, Ernest Hemingway y José Saramago.

Características de la novela

Si bien la novela es el subgénero hermano del cuento, tiene características que la diferencian de éste; la más evidente es la extensión. La novela se prolonga temporalmente, el cuento es breve en este sentido. Existen otras cualidades que identifican la novela, como la inclusión de un número de personajes tan amplio como lo requiera la trama, además de que la caracterización de éstos es mucho más detallada y profunda que en el cuento. La trama, por su parte, puede derivar en otras de menor intensidad, pero que permiten desarrollar de forma minuciosa y más descriptiva las historias de los personajes, lo mismo que la representación de escenarios pequeños que conforman la historia general. La novela moderna también se define por su redacción en prosa.

Para Francisco Montes de Oca (2006), la novela es un subgénero complejo que toma un poco de todos los géneros literarios. De la épica, por ejemplo, maneja el pasado, pero no absoluto, puesto que considera la evolución de los personajes. Tiene, asimismo, un fondo lírico, porque refleja una postura de vida o una concepción del mundo. Del drama, recupera la forma del conflicto y la tensión del hombre con él mismo o con la sociedad.

En este último aspecto se centra la condición más significativa de la novela. ¿La recuerdas? La novela es la búsqueda de la expresión del ser humano, de la explicación de su naturaleza, de su condición, de su relación con los otros y con su entorno. Nada de ello es fácil de narrar y, menos aún, de acercar al lector a la historia impresa en sus páginas.

Pero la novela también ofrece la libertad de que su autor elija el contenido y la forma, lo que derivará en la tipología que veremos más adelante. Es un subgénero, hasta cierto punto, flexible y noble, pero no por eso sencillo.

Por otra parte, puede ser de carácter ficticio, pero también puede optar por incluir aspectos de la realidad, de la historia.

Elementos de la novela

Los dos constituyentes fundamentales de una obra narrativa son la historia y el discurso, cita Fournier Marcos (2002). La historia, expone: “consiste en la relación de sucesos narrados; el discurso es la forma en cómo son presentados los hechos por el narrador, incluye los recursos de los que se vale el autor para decirlo. La historia es lo que se narra y el discurso es cómo se narra”.

Dice Goytisolo (2013) que la novela “es un relato en prosa impreso en forma de libro, cuyos diversos elementos constitutivos – argumento, personajes, estructura, estilo, etc., – por mucho que varíen de una obra a otra, conforma un género distinto a cualquier tipo de manifestación narrativa existente con anterioridad”. Así pues, esta es otra distinción que caracteriza a la novela: sus elementos principales pueden ser diferentes de una obra a otra, pero eso no quita que la novela, como subgénero, tenga un sello de identidad común.

Aunque hay diferentes orientaciones de clasificación, si nos guiamos por la historia y el discurso como elementos rectores, en la primera se consideran los personajes, las acciones, las funciones y las esferas de acción; y en el discurso se contempla la forma en cómo se hace la narración, que puede ser externa o interna.

La historia

  • Personajes. Refleja el desarrollo personal de quienes participan en la historia, se detalla su caracterización en el tiempo y espacio en que se narran los hechos. Los personajes pueden ser personas, animales o cosas.
  • Asunto, acción o argumento. Se refiere a la sucesión de hechos en los que participan los personajes, de forma activa o pasiva.
  • Las funciones. Son “las unidades mínimas en las cuales puede dividirse el relato, independientemente de si la novela tiene divisiones por capítulos o no” (Fournier, 2002).
  • Las esferas de acción. Son los grupos de acciones que envuelven a los personajes o a su entorno. Por ejemplo, si un personaje es maestro, sus esferas de acción son la escuela, el aula, etc.

El discurso

Es la forma en cómo se narra la historia, por lo que en este aspecto podemos considerar lo siguiente:

  • Externa. Considera la perspectiva del narrador y el tiempo.
  • Interna. Contempla los recursos empleados por el autor, de modo que en este rubro cabe el estilo que confiere una diferencia fundamental, un sello que distingue al escritor de otros.

Otro aspecto importante es la temporalidad. El manejo del tiempo es muy importante en la narración. Hay tres variantes principales, según muestra Celinda Fournier (2002):

  • Por evocación. Se refiere al uso de recuerdos y sueños para interrumpir la narración cronológica, por lo que se puede narrar el futuro al mismo tiempo en que se da la historia.
  • Por suspenso. Presenta hechos inexplicables, por lo que debe retrocederse en el tiempo para poder explicarlos. Si se narra un hecho importante, se recurre a la explicación del mismo, a sus antecedentes, para mantener el interés del lector. Pero también se puede dejar en un tiempo indefinido de tal suerte que, el lector se identifique con el personaje y con las situaciones que vive.
  • Por engarzamiento. Se introducen historias menores que en apariencia no tienen que ver con la principal, pero que termina siendo parte de la historia principal, aunque en un momento dado puede prescindirse de ellas. Un ejemplo es la relación difícil entre el guardia y el prisionero que se muestra en el fragmento de El sueño del celta, de la página anterior.

Estructura externa e interna de la novela

En el análisis de una novela es primordial considerar su estructura. La intención es dividir los diferentes elementos, pero no de modo que queden atomizados o separa- dos, sino que su unidad permanezca. Los personajes, las relaciones tiempo-espacio, la acción, el lenguaje, conforman un todo.

Hemos enfatizado en que una condición primordial de la novela moderna es la posibilidad que brinda al lector de acercarse a la obra que tiene en sus manos.

Eso nos permite suponer que al leer, el lector establece una relación de comunicación con el autor de la historia.

Estructura externa

Así pues, al analizar una novela desde su estructu- ra externa, debes identificar los hechos históricos y culturales predominantes en el momento en que se escribe, así como determinar qué tanto influyen en la historia.

El autor siempre está presente, aunque no se note, en una obra. Escribe dentro de un contexto particular, tanto histórico, como social o cultural, pero siempre con un propósito estético. Por eso conviene que conozcas sobre su vida (biografía) y la corriente o movimiento literario con el que se le identifica. Al leer su biografía, obtendrás datos que particularmente pueden apoyarte: su ideología, sus relaciones interpersonales, su actividad social, entre otros.

Estructura interna

En cuanto a la estructura interna, como expone el Diccionario Akal de términos literarios, hay que considerar los problemas que plantea el autor en su obra. Los problemas se refieren al contenido y en él, seguramente habrá una intención comunicativa. Asimismo, debes recordar que en toda narración hay tres partes en su estructura interna: planteamiento, nudo o desarrollo y desenlace, que en el caso de la novela tiene generalmente un tratamiento largo, a diferencia de lo que ocurre en el cuento. Veamos cada uno:

  • Planteamiento. Muestra los aspectos temporales y espaciales (cuándo y dónde) se desarrollará la acción. Presenta también a los personajes.
  • Nudo o desarrollo. Se relaciona con el conflicto que se presenta en la historia que, en la novela, puede ser más de uno.
  • Desenlace. Es el momento en que se soluciona el conflicto.

La estructura interna de la novela se relaciona con el texto, es decir, con lo que está escrito. Ese nivel interno se puede observar a través de los personajes, el tipo de narrador, la acción, tiempo, espacio, ambiente y el lenguaje.

  • Personajes. Existen diferentes tipos de personajes y es conforme a su intervención en la trama principal, que se define si son principales, secundarios o incidentales. Los personajes principales son aquellos sobre los que cae el peso de la trama y aparecen a lo largo de toda la historia. Los secundarios tienen una participación más o menos significativa, pero de menor trascendencia en la trama central y se relacionan con los personajes principales de algún modo. Los incidentales tienen una presencia esporádica en la historia y, generalmente, tienen una relación de casualidad con los protagonistas.
  • Narrador. Hay diferentes tipos de narradores, como has visto, pero vamos a recordarlos. Se clasifican según la persona gramatical que se emplea al dirigirse al lector. Sabemos que el escritor está presente a través del narrador, pero como tal, es ajeno a la historia. Los tipos de narradores que pueden intervenir en la novela son: autodiegético, intradiegético, extradiegético o metadiegético. Como recordarás, esta clasificación se estudió en el bloque II.
  • Acción. Aquí se contemplan el tiempo, el espacio y la relación en que ocurre la historia.
  • El tiempo. Como seguramente recuerdas, en la narración existen diferentes tiempos, por llamarlo de alguna forma. Por una parte está el tiempo de la narración, referida a la lectura del texto, y por otro, el tiempo narrativo, relacionado con el tiempo que transcurre dentro del relato, expone Ramos (2013).

En el texto de la misma autora, se exponen los cuatro tipos de narración según el tiempo gramatical que se emplee.

Tales son:

  • Retrospectiva. El narrador cuenta un hecho ocurrido en el pasado. Los tiempos gramaticales empleados son el pretérito y el copretérito. Ejemplo: Apenas Rowena se había sentado, fue saludada por las trompetas y las aclamaciones de los espectadores. El sol reflejaba al mismo tiempo sus rayos en las resplandecientes armaduras de los combatientes de ambas cuadrillas… (Ivanhoe. Walter Scott).
  • Prospectiva. La historia se expone pensando a futuro. Generalmente se hace en segunda persona y es como si el narrador se situara temporalmente en el pasado de lo que relata. En este caso, un ejemplo es Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez, en la que inicia con el desenlace para luego narrar lo sucedido.
  • Simultánea. El narrador es parte de la narración y, como está en la historia, utiliza el presente. En La náusea, de Jean-Paul Sartre, puedes observarlo: No pue- do decir que me sienta aligerado; al contrario, eso me aplasta. Sólo que alcancé mi objetivo: sé lo que quería saber;…
  • Intercalada. La narración es retrospectiva y simultánea, para relatar lo que pasó y lo que ocurre en el presente.
  • Espacio. Es el imaginario físico en que ocurre la historia. Así, por ejemplo, en El sueño del celta, el espacio del fragmento que leímos es la celda. Según sea el autor, la descripción puede ser más o menos abundante o minuciosa.
  • Ambiente. Está integrado por el escenario, la época y la atmósfera.
  • Lenguaje. Es un elemento fundamental pues, es el que representa la presencia del autor en la historia. Tiene que ver con su habilidad para describir, para acercar al lector a la historia que quiera contar, para hacerle sentir. Mediante las palabras, y valiéndose de los recursos literarios el autor crea escenarios e imágenes, que pueden resultar atractivos al lector.

Los tipos de novela

Aunque existen diferentes clasificaciones sobre los tipos de novela, esencialmente hay dos que sobresalen: la psicológica y la de acción. Ambas opciones, expone Baquero (1998), pueden ser los extremos del subgénero: el primero, que se centra en los personajes, en sus motivaciones y sus características; el segundo, básicamente atendiendo a los hechos.

Como verás a continuación, la lista de tipos de novela es numerosa. Es importante considerar que si una novela se clasifica en un tipo u otro, no necesariamente es ajena a tomar alguna otra clasificación en la construcción de la historia.

La categorización que se ha hecho de la novela contempla los siguientes tipos:

  • Aventuras: su característica principal es la acción.
  • Enfatizan su argumento en los viajes, el riesgo, el misterio o el peligro. Tiene el propósito de entretener, y se basa en la ficción. Entre las obras que se incluyen en este tipo están La Ilíada, La Odisea, Satiricón. Otras posteriores son El Conde de Montecristo y Robinson Crusoe.
  • Caballerías: su propósito es exaltar los valores del honor y la justicia, señala
  • Pastoril: se centra en narrar historias de pastores y sus amoríos. Miguel de Cervantes escribió La Galatea por ejemplo.
  • Picaresca: refleja las costumbres y la vida de la época, y su origen es hispánico. La obra más representativa es El lazarillo de Tormes, de autor anónimo.
  • Didáctica o moralizante: tiene como intención ofrecer al lector una enseñanza, que puede ser de manera divertida. Entre los ejemplos más conocidos está El periquillo sarniento, de José Joaquín Fernández de Lizardi.
  • Gótica: la primera novela de este tipo fue El castillo de Otranto (1765). Entre las características que tiene están los castillos medievales, los ruidos, los bosques, entre otros. Tienen un tono romántico. Otras obras, aunque ya del siglo XIX que se incluyen en este subgénero son: Drácula (Bram Stroker), Frankenstein (Mary Shelley), Otra vuelta de tuerca (Henry James).
  • De costumbres: narra la vida de una sociedad en una época determinada.
  • Policiaca: generalmente con un detective a la cabeza, la novela policíaca presenta casos sin resolver, crímenes en los que se centra la atención de la historia. Entre los autores del género están Agatha Christie, Henning Mankel y John Updike, entre muchos otros.
  • Histórica: aprovecha un espacio o época, incluso un personaje real, para construir alrededor lo que pudo suceder.
  • Ideológica o de tesis: considera una postura ideológica como hilo fundamental de la historia.
  • Psicológica: aunque este tipo de novela se caracteriza por centrarse en los personajes, en su vida interior, sus motivaciones, etc., la realidad es que estas condiciones están presentes en otros tipos de novela.
  • Social: su intención es contar los problemas sociales de una época o de una clase social.
  • Ciencia-ficción: presenta acontecimientos con base científica, proyectados a futuro. Entre los autores emblemáticos de la ciencia-ficción están Julio Verne y Ray Bradbury.

Tipos de lenguaje y niveles retóricos de la novela

Existen dos tipos básicos de lenguaje para el género narrativo, los cuales también aplican a la novela. El lenguaje denotativo, relacionado con el significado literal de lo que se dice. Por ejemplo: “Yo me quedaré todavía algún tiempo con mis hermanos,
uno de los cuales va a ser deportado (Los hermanos Karamazov), es un ejemplo de denotación en tanto que el mensaje no está sujeto a la interpretación, lo que sí ocurre en el lenguaje connotativo. Un ejemplo es, en la misma novela”. Algo se rompió de pronto en su interior. Si intentáramos leer la oración de manera objetiva, denotativa, podríamos pensar que se rompió algún órgano del cuerpo del personaje, pero sabemos que su sentido es connotativo y que significa que dicha ruptura se relaciona con las emociones, los sentimientos o el ser del personaje.

Así pues, conviene recordar que los escritores emplean las funciones del lenguaje poética y emotiva, de manera importante. Pero también la referencial, relacionada con la denotación.

Ahora bien, existen diferentes niveles retóricos que el escritor puede emplear al construir su novela; ellos son el relato, la descripción, la argumentación y la figuración. Las primeras tres se relacionan con el texto, y la última con el tratamiento que se da al lenguaje.

Según la antigua retórica, la figuración tenía que ver con la elocuencia, es decir, con la facilidad que el escritor tiene para “hablar o escribir de modo eficaz para deleitar, conmover o persuadir”. En el siglo XVII esa elocuencia derivó en las figuras retóricas, que el escritor aprovechará según su manejo del lenguaje y su facilidad para trasladarlo a estos recursos. Algunas de ellas son la comparación, la metáfora o la hipérbole, las cuales ya estudiaste en otros bloques.

La novela: una forma de expresión artística y social

Como hemos visto a lo largo del bloque, la novela, como parte de la literatura, es considerada un arte, pero no siempre ha sido así; existen autores como Paul Valéry que negaban rotundamente ese carácter a este subgénero. Ni Aristóteles la incluyó en su Poética por considerarla un tipo de texto no literario.

Como evidencia creativa en el uso del lenguaje, en la elaboración de historias de ficción o apoyadas en la realidad, como producto único – no hay dos novelas iguales – en el que el autor deja su sello personal, su perspectiva de la vida, su orientación ideológica incluso, la novela se puede reconocer como un arte. Generalmente, es aceptado como tal una obra por su carácter irreproducible. Pero habría otra condición que debe considerarse: el valor estético. En este sentido, vale recordar que en las diferentes artes hay elementos que estructuran la obra y nos permiten analizarla. En este bloque has visto los que corresponden a la novela; con ellos, y mediante el análisis que hagas de los textos, podrás tener una opinión personal, argumentada, sobre una obra y si es arte o no.

En general, la novela es una forma de expresión artística por lo que comentamos al inicio del párrafo anterior. Pero también es una expresión social. Esto es evidente en la medida que el autor nos permite construir significados a través de los que él mismo transmite en la novela, con los trazos ideológicos y la ubicación en el tiempo y el espacio de la historia

Fuente: Secretaría de Educación Pública. (2015). Literatura I. Ciudad de México.